Cambiar la dieta, beneficioso para el clima, el medio ambiente y la salud


El sistema alimentario es responsable de un tercio de las emisiones de gases invernadero de origen antropogénico y del 80% del uso del agua, según el centro de investigación sobre cambio climático BC3.

En este contexto, los investigadores han estudiado cómo influiría el cambio de dieta, basado en proteínas vegetales y reduciendo el consumo de carne, en el medio ambiente, la salud pública y la economía social. Concluyen que para que el cambio sea efectivo, la planificación debe ser regional, respetando los contextos culturales y económicos.

«El cambio de dieta mejora igualmente el estado nutricional y el aporte calórico, así como las variables ambientales y climáticas»

La investigación, publicada en la revista Nature Food, confirma que en algunas regiones apostar por una dieta saludable puede suponer un ahorro de hasta un 30% en los costes de mitigación para alcanzar los objetivos climáticos del Convenio de París. En el artículo se ha definido una dieta saludable como aquella que promueve la salud, previene enfermedades y garantiza nutrientes.

1.298 escenarios

En el estudio se han analizado 1.298 escenarios, mediante modelos estadísticos avanzados, clasificados por tipología y nivel de transición proteica, así como por impacto global y escultórico. Las principales conclusiones apuntan a que el cambio en la dieta mejora el estado nutricional y el aporte calórico, así como las variables ambientales y climáticas.

Un ejemplo de ello es el impacto que tienen los escenarios que combinan proteínas vegetales con la reducción del consumo de carne de animales rumiantes (vacas, cabras, ovejas) en las reforestaciones, especialmente en el Ekitalde africano.

«La extracción total de agua disminuiría a nivel global para 2050, en todos los casos»

Por otro lado, el crecimiento de tierras no gestionadas en casi todos los escenarios (bosques naturales, pastos protegidos, matorrales) se asocia con una mejora global de la biodiversidad. Asimismo, la extracción total de agua disminuiría a nivel global para 2050 en todos los casos; aunque, en Oriente Medio, la escasez de agua podría haber aumentado en el escenario del consumo de proteínas vegetales debido a la exportación de legumbres y frutos secos que requieren un riego intensivo.

Todos los escenarios contribuyen además a mitigar la emergencia climática. Se reducirían las emisiones de gases invernadero y de contaminantes que empeoran la calidad del aire, lo que evitaría muertes prematuras. En este sentido, Argentina, Europa y Norteamérica serían las regiones más beneficiadas.

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