Análisis de saliva para la predicción de enfermedades

La sangre es el fluido corporal utilizado habitualmente para medir parámetros sanitarios. Es muy útil para valorar el funcionamiento de los órganos, realizar diagnósticos, medir la eficacia de los tratamientos o detectar el riesgo de padecer determinadas enfermedades. Pero no es el único fluido disponible. Los investigadores de la UPV/EHU han utilizado otro fluido, más fácil de obtener, más barato y más seguro: la saliva. Y han demostrado ser idóneos para detectar y medir el riesgo de enfermedades complejas como los cánceres, las patologías cardiovasculares, la diabetes o el parkinson.


La investigadora Alba Hernangómez-Laderas ha trabajado intensamente en los últimos años en el proyecto de predicción del riesgo de enfermedades complejas en la saliva, tema de su tesis doctoral. Ha sido realizada bajo la dirección de José Ramón Bilbao Catalá y Nora Fernández Jiménez, en el Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la UPV/EHU, con un resultado muy satisfactorio. De hecho, han desarrollado la mayor base pública de datos genéticos derivados del saliva y la han puesto a disposición de cualquier investigador a través de una plataforma de libre acceso.

Ha sido un trabajo intenso e innovador, ya que no había muchos estudios genéticos basados en la saliva con anterioridad. Según Hernángomez, el uso de la saliva es habitual en las pruebas de parentesco, ya que en ellas se ha demostrado que los resultados son tan fiables como los obtenidos con sangre.

Pero, en general, siempre se ha considerado que la saliva no es adecuada para estudios genéticos. “De hecho, la saliva contiene enzimas para ayudar a hacer la digestión y protegerse de las infecciones. Y se creía que también degradaba el ADN. Es por eso que hay tendencia a usar sangre. De hecho, la sangre es el fluido principal para realizar diagnósticos cuando es difícil o imposible llegar al tejido afectado, por ejemplo, para detectar celiaquía en el intestino o enfermedades neurodegenerativas en el cerebro”, explica Hernángomez.

«Han desarrollado la mayor base pública de datos genéticos derivada de la saliva y la han puesto a disposición de cualquier investigador»

Afirma que los análisis de sangre están altamente estandarizados y que existen evidencias sólidas de que en la sangre existen marcadores de enfermedades sistémicas. Sin embargo, en la saliva no había tantos estudios y no sabían si encontrarían marcadores de enfermedades sistémicas. Pero, en comparación con la sangre, tiene algunas ventajas y por eso decidieron investigar.

Hernángomez comenta ejemplos de ventajas: “La saliva es muy fácil de tomar, no se necesita un profesional, como se necesita en la sangre. Pues, además, hay gente que tiene dificultades para ir al médico, o que tiene miedo a las agujas, o son niños pequeños… Además, puedes tomarlo mucho más a menudo. En el caso de la sangre, debe dejar un espacio entre una extracción y la siguiente. Para realizar un monitoreo, sería mucho más fácil usar la saliva, siempre y cuando haya marcadores en la saliva”.

Detectar y monitorizar el riesgo

Este ha sido el primer objetivo, ver si se pueden detectar y monitorizar en la saliva algunos marcadores que informen sobre el riesgo y la evolución en el desarrollo de enfermedades. Se han centrado en enfermedades complejas, es decir, aquellas que tienen una base genética, pero que también están influenciadas por el entorno.

Bilbao y Hernández

José Ramón Bilbao Catalá y Alba Hernangómez-Laderas. Ed: Egoi Markaida/UPV


Bilbao ha dado las explicaciones: “En las últimas décadas se han producido importantes avances en el campo de la genética, siendo conocida la base genética de muchas enfermedades complejas. Ya sea hipertensión, diabetes, o alzhéimer, sabemos que existe una base genética que te permite desarrollar la enfermedad. No se puede asegurar si desarrollará la enfermedad o no, pero usted nace con este riesgo. Entonces, nuestra primera pregunta era si es casi posible saber si una persona tiene riesgo al nacer. Y, sea cual sea ese riesgo, si se podrá monitorizar en el futuro, para saber si se está acercando a desarrollar la enfermedad o no. Por lo tanto, se pretendía tener la posibilidad de realizar un seguimiento, basado en la genética y utilizando la saliva como muestra”.

«La saliva es muy fácil de tomar, no se necesita un profesional y se puede tomar con más frecuencia que la sangre»

Eso ayudaría en parte a adoptar medidas preventivas, ha añadido Bilbao: “Si se observa un aumento del riesgo, es posible que se realice algún tipo de intervención o se establezca un tratamiento que ralentiza el desarrollo de la enfermedad. Por ejemplo, en la obesidad o la diabetes, sabemos que el ejercicio físico y una dieta adecuada pueden retrasar la aparición y el desarrollo de la enfermedad”.

Cambios epigenéticos

Una vez decidido el objetivo, el siguiente paso fue tomar muestras de saliva y analizarlas. Se ha determinado que reclutamos a unos 380 voluntarios, que fueron los que tomaron la muestra. Posteriormente, en el laboratorio, los investigadores extrajeron el genoma de la saliva y catalogaron los cambios epigenéticos del ADN que pueden influir en su funcionamiento.

“Los cambios epigenéticos son cambios en la estructura del genoma debido a la acción del ambiente. No cambian el código genético, pero tienen consecuencias sobre el funcionamiento de los genes”, explica Hernángomez. Por ejemplo, la metilación es un cambio típico, la piedra angular de la epigenética. Consiste en la adición de un grupo metilo en la molécula de ADN, que puede condicionar la expresión génica, el procesamiento del ARN y el funcionamiento de las proteínas. Esto puede causar o acelerar su desarrollo.

Bilbao explica el siguiente paso: “Entonces, hemos utilizado un método estadístico complejo para ver la implicación de cada posición del genoma, por un lado, con la metilación, y por otro, con la enfermedad. Este método compara la fuerza de la implicación, las direcciones, las frecuencias… e indica, por ejemplo, el riesgo que tiene alguien de ser diabético a través de la metilación de un punto determinado. O cómo la metilación en otro punto aumenta el riesgo. Así, hemos ido viendo, punto por punto, la relación entre metilación y riesgo genético”.

Con todos estos datos, han creado un catálogo de la relación entre genética y metilación, que ha sido puesto a disposición de toda la comunidad científica. “Todos tienen acceso a la aplicación que hemos creado, así irá enriqueciéndose con nuevos datos. Y a través de herramientas estadísticas y bioinformáticas permite estudiar las relaciones entre los genomas y las metilaciones de muchas enfermedades. Nosotros, por ejemplo, hemos investigado la relación de las enfermedades neurodegenerativas y hemos obtenido muy buenos resultados, incluso en enfermedades cardiovasculares y cánceres”, afirma Hernángomez.

«Han demostrado que la metilación es un biomarcador adecuado en varias enfermedades y que se mantiene bien en la saliva»

Bilbao ha precisado que han estudiado los diferentes tipos de cáncer que querían ver también la incidencia del sexo. Así, se han estudiado el cáncer de mama y el de próstata. “No queríamos investigar enfermedades que solo aparecen en hombres o mujeres, sino que queríamos ver si encontrábamos biomarcadores. Es decir: en lugar de centrarnos en determinadas enfermedades, hemos querido demostrar que es posible encontrar marcadores a través de esta herramienta”.

Al alcance de todos

Y Bilbao ha insistido en que lo han demostrado: “Hemos visto que la metilación es un buen biomarcador en varias enfermedades y se mantiene bien en la saliva. Y lo más importante es que el catálogo que hemos publicado es público y que, a través de la metodología que hemos utilizado, se puede utilizar en más enfermedades para ser biomarcadores también para ellas”.

Hernángomez ha destacado la importancia de que los datos estén al alcance de todos: “Esto me llena en particular: que el trabajo realizado no sea solo para presentar una tesis doctoral o para publicar un artículo, sino para hacer una contribución pública. Esto hace que sea útil no solo para nosotros, sino para todos, y se puede crear un gran conocimiento a partir de ahí”.

Para finalizar, Bilbao ha reivindicado la utilidad de la saliva: “Nosotros creemos que la saliva guarda un montón de secretos y que vale la pena estudiarla. Quizás alguno pregunte, ¿y cómo se puede saber el riesgo que tiene una persona de desarrollar parkinson u otra enfermedad cerebral al mirar la saliva? Pues porque nuestro genoma trabaja de la misma manera en todos los lugares del cuerpo, por lo que los indicios también aparecerán en el análisis genético de la saliva. Lo mismo con otros males. Esto es lo que hemos demostrado. Por la facilidad que proporciona la saliva, puede ser muy útil en el futuro. Yo soy optimista”.

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