Uso lingüístico y control mental: más allá del bilingüismo

A medida que avanza la edad, la atención y el control mental no se hacen iguales para todas las personas. ¿Qué determina esta diferencia? ¿Es posible que el uso de dos idiomas en el día a día deje alguna huella en la evolución de las capacidades para enfrentar distracciones y seleccionar información relevante en cada momento?


Tenemos el lenguaje encarnado. Cuando pensamos, cuando escuchamos la megafonía del mercado o del tren, leemos o miramos un cartel en la calle casi inadvertidamente, estamos utilizando el lenguaje. No es una herramienta externa; está integrada en nuestro desempeño mental.

En un estudio realizado en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) hemos abordado una pregunta muy concreta: ¿qué relación existe entre el uso cotidiano de dos lenguas y los procesos de control mental, es decir, si este uso influye en la capacidad de afrontar las distracciones y seleccionar la información relevante en cada momento? ¿Cómo cambia esta relación con la edad? La investigación y sus resultados Bilingualism: Han sido publicados recientemente en la revista Language and Cognition (Arantzeta, San Martín y Laka, 2026).

Las investigaciones en psicolingüística han demostrado que las lenguas en la mente de los hablantes bilingües no se activan alternativamente, como si uno estuviera apagado y el otro encendido. Palabras y estructuras en ambos idiomas están disponibles al mismo tiempo. Cuando se habla euskera, el castellano también está activo en cierta medida, y viceversa.

Esto significa que, en cada momento, para utilizar un único idioma, los demás deben ser silenciados. Es lo que llamamos control de interferencia. No se limita al lenguaje: es la capacidad cognitiva que utilizamos continuamente en la vida cotidiana. Al prestar atención a la voz de un interlocutor en una habitación llena de gente o lidiar con distracciones al conducir, está trabajando el mismo mecanismo. Operar con dos lenguas requiere poner en marcha esta capacidad de control con frecuencia (ver Bialystok et al., 2009 Bialystok, 2024).

Por tanto, planteamos la cuestión de si la configuración de la práctica lingüística, en cuanto y en qué circunstancias se utiliza cada idioma, tiene relación con el rendimiento del control de interferencia

¿Cómo medimos el uso lingüístico?

En respuesta, participaron en el estudio unas 250 personas de entre 30 y 80 años: euskaldunes y castellanoparlantes bilingües y castellanoparlantes monolingües. Los datos se recogieron en Vitoria-Gasteiz y Debagoiena, en dos ámbitos donde se pueden encontrar modelos diversos de uso de la lengua.

En el caso de las personas bilingües, se comprobó la capacidad para expresarse de manera eficaz en euskera y castellano. No se trataba de comparar únicamente la etiqueta de “bilingüe o no”, sino de analizar hasta qué punto y en qué circunstancias se utiliza cada lengua en las personas bilingües.

Para ello, el Cuestionario sobre el Entorno Lingüístico y Social (Language and Social Background Questionnaire; Anderson et al., 2018) Lo utilizamos, adaptado al contexto del euskera y el castellano. Este cuestionario es ampliamente utilizado en la investigación del bilingüismo y sirve para recoger el uso lingüístico de manera sistemática y cuantitativa. No se limita a una sola pregunta general —“¿cuánto utiliza usted el euskera?”—. En su lugar, recoge con precisión el uso lingüístico cotidiano. Distingue entre relaciones domésticas (con padres, pareja, hijos), amistades y relaciones vecinales, situaciones laborales o de estudio, interacciones en los servicios públicos (sanidad, administración) y actividades cotidianas (lectura, mensajería, redes sociales, audiovisuales), entre otras.

Esto permite recoger con precisión en qué situación y en qué red de relaciones se utiliza cada lengua. Además, el uso no se mide de forma categórica “sí/no”: se indica de forma gradual el grado de uso de cada idioma, y las respuestas se convierten en valores numéricos. Esto permite analizar la práctica lingüística de forma escalonada en una graduación.

¿Cómo medimos el control de interferencia?

Para medir el control de interferencias utilizamos la tarea Stroop, prueba considerada clásica en las ciencias cognitivas (Golden, 2010; ver figura 1). Los participantes tenían que leer o nombrar los elementos que se les presentaban en una lista lo más rápido y con exactitud posible.

Tarea Stroop

1.irudia Estructura general de las tres condiciones de la tarea Stroop y lógica de interferencia. Los participantes procesan, en 45 segundos, el mayor número de elementos por columna y se cuenta el rendimiento obtenido en cada condición. Imagen: Ione Ibarretxe


En la primera parte, los nombres de color aparecían impresos en negro y solo tenían que leer las palabras. En el segundo aparecían los símbolos simples de color y tenían que designar su color. Estas dos partes sirven para medir la velocidad de lectura básica y la capacidad de nombrar colores.

La medición correcta de la interferencia se encuentra en la última parte. Los nombres de color aparecen impresos en diferentes colores de tinta y los participantes en lugar de leer la palabra deben decir el color de la tinta. Dado que leer es automático, se activa la tendencia a leer tan pronto como se ve la palabra. Frenar esta tendencia es el centro del proceso de control. Calculamos el control de interferencia con los tiempos de reacción y el número de respuestas correctas.

Resultados

Nuestros resultados dejan dos conclusiones principales. En primer lugar, con el aumento de la edad, el rendimiento del control de interferencia disminuye y un mayor nivel educativo se asocia con un mejor rendimiento. Ambas tendencias coinciden con los modelos descritos por estudios anteriores: con el envejecimiento los procesos de control tienden a debilitarse y la educación ofrece una especie de factor protector (ver figura 2).

fig. 2

fig. 2 Evolución del control de interferencias por edad en grupos. Se observa una tendencia a la baja con la edad y no se observan diferencias significativas entre bilingües y monolingües a nivel de grupo. Imagen: Miren Arantzeta Pérez


La segunda conclusión es nuestra principal contribución. A nivel de grupo no encontramos diferencias significativas entre bilingües y monolingües. Es decir, el mero hecho de ser bilingüe no garantiza por sí mismo un mejor control de interferencia.

Sin embargo, aparecieron diferencias claras entre los bilingües. El rendimiento de los bilingües con menor uso del euskera era similar al de los monolingües. Por el contrario, entre los bilingües con mayor uso del euskera se estableció una relación sólida con el control de interferencias (ver figura 3).

Además, este vínculo no aparece en un umbral determinado. No hay un límite definido que muestre el comienzo del efecto. Los datos muestran una tendencia progresiva: a medida que aumenta el uso social del euskera, el rendimiento del control de interferencia aumenta gradualmente.

fig. 3

fig. 3 La relación entre el control de interferencias y el uso del euskera es más clara en el uso de la calle que en el doméstico: a medida que aumenta el uso social del euskera, el rendimiento del control de interferencias es mejor. Imagen: Miren Arantzeta Pérez


Conclusiones

Estos resultados se enmarcan en el debate sobre el bilingüismo y el control cognitivo. Algunos trabajos han relacionado el bilingüismo con una aparición más tardía del deterioro cognitivo (por ejemplo, Craik, Bialystok, & Freedman, 2010; Woumans et al., 2015), Pero los resultados no siempre han sido coherentes en todas las poblaciones.

Nuestro trabajo refina este debate. Más que el número de idiomas conocidos, lo decisivo es la configuración de la actividad con los idiomas. En particular, en el caso de los hablantes bilingües, el uso social o en la calle del euskera se asocia a un mayor control de interferencia a lo largo de todo su ciclo de vida.

Estos resultados son consistentes con las investigaciones experimentales sobre el cambio lingüístico. Mosca y Clahsen (2016) han demostrado que la propia incertidumbre de si hay que cambiar de idioma aumenta el coste cognitivo. Es decir, no es solo el coste de la situación que requiere el tránsito de una lengua a otra; el propio proceso de decisión de si es necesario el cambio también activa los mecanismos de control.

Nuestra investigación muestra que un mayor uso social del euskera se asocia con un mejor control de interferencia. En el contexto vasco, este mayor uso de la calle pone de manifiesto con frecuencia la necesidad de que el hablante evalúe constantemente en función del interlocutor y de la situación qué lengua utilizar. La frecuente vivencia de estas situaciones de incertidumbre implica una mayor movilización de los procesos de control, lo que podría explicar el vínculo que hemos encontrado.

Estos mecanismos de control son fundamentales para la autonomía diaria. Con el envejecimiento, el control de interferencia se debilita, debilitando directamente el funcionamiento diario, la capacidad de tomar decisiones y la capacidad de resistir distracciones.

Estos resultados no son la última palabra, por supuesto. No demuestran que el bilingüismo activo evite la demencia. Pero muestran que la configuración de la experiencia lingüística diaria está directamente relacionada con las capacidades de atención y control —que son la base de los procesos que sustentan la autonomía y la calidad de vida a medida que se avanza en edad—.

Saber un idioma no es solo conocer el vocabulario y la gramática que están almacenados; es la actividad que hacemos. La estructura de esta práctica —cómo y en qué circunstancias se utilizan los idiomas— influye en el funcionamiento de nuestro control mental.

Agradecimientos:

Nuestro agradecimiento a todas las personas involucradas en el estudio por su dedicación, disponibilidad y confianza. Asimismo, agradecemos al Ayuntamiento de Arrasate y al Euskaltegi Municipal de Arrasate por ayudarnos a atraer a los participantes y ofrecerles un espacio para realizar el examen.

Financiación:

Este trabajo se ha realizado con el apoyo del proyecto AGINGLEXICON (Beca Leonardo de la Fundación BBVA), del proyecto PID2022-142625OA-I00 (MICIU/AEI), de la ayuda Ramón y Cajal RYC2021-033222-I y del grupo de investigación IT1439-22/IT1439-26 del Gobierno Vasco.

Referencias:

Anderson, J. A. E. Maq, L., Keyvani Chahi, A. y Bialystok, E. 2018. “The language and social background questionnaire: Assessing degree of bilingualism in a diverse population”. Behavior Research Methods 50, 250–263.

Aranzeta, M San Martín, I y Laka, I. 2026. “Types of language use and interference control in aging bilinguals: Insights from the Word–Color Stroop Task”. Bilingualism: Language and Cognition, 1–13

Bialystok, E. 2024. “Bilingualism modifies cognition through adaptation not transfer”. Trends in Cognitive Sciences 28, 987–997.

Bialystok, E Craik, F. I. M. Green D. W. y Gollan, T. H. 2009. “Bilingual minds”. Psychological Science in the Public Copiar 10, 89–129.

Craik, F. I. M. Bialystok, E. y Freedman, M. 2010. “Delaying the onset of Alzheimer disease: Bilingualism as form of cognitive reserve”. Neurology 75, 1726–1729.

Golden, C. J. 2010. Color-Word Test – Stroop (9. ed. ; B. Ruiz-Fernández, T. Luque y F. Sánchez-Sánchez, adaptación española). TEA Ediciones, Madrid.

Mosca, M. y Clahsen, H. 2016. “Examining language switching in bilinguals: The role of preparation time”. Bilingualism: Language and Cognition 19, 415–424.

Woumans, E., Santens, P Sieben, A Versijpt, J., Stevens, M. y Duyck, W. 2015. “Bilingualism delays clinical manifestation of Alzheimer’s disease”. Bilingualism: Language and Cognition 18, 568–574.

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