Crear
Hace unos años estuvo en Tabakalera (San Sebastián). Naturalistas y creativos nos reunieron para hablar del medio ambiente. Entramos en una gran sala y a la vuelta de un montón de mesas redondas con directores de cine, escritores, escultores... y algunos amantes de la naturaleza: investigadores, ecologistas y gente así.
El organizador vino a saludarme. Le pregunté si me invitaron como natural o como creador. Cara de sorpresa. Repetí la pregunta, ahora más despacio. Sin poder volver a entenderlo. En tercer lugar, si los amantes de la naturaleza no podían reunirse con los creadores. Todavía no se entiende. Le dije entonces que yo soy un aficionado a la naturaleza, pero que también me considero un creador. Se puso cara de quien se ha dado cuenta de que le estaba tomando el pelo, y huyó a saludar a otros invitados menos ingratos.
Me disculparán, pero los significados que el verbo crear, el nombre de creación y el adjetivo creador han ido adquiriendo últimamente en nuestro país me despiertan. Cada vez que presenten a un creador en la prensa escrita, en la radio o en la televisión, traerán a cualquier persona, pero nunca a un científico. Puede ser bertsolari, escritor, director de cine, diseñador, modista o yo sé qué. Con todos ellos analizarán ampliamente las motivaciones del creador, el proceso creativo (proceso, he aquí otra palabra odiosa), el significado profundo de lo creado, la actitud de la sociedad hacia él y las aspiraciones de futuro. Si se invita a un científico, el periodista, tras subrayar que no sabe (ni le importa mucho) del tema, preguntará sobre las consecuencias prácticas de su trabajo. Punto.
«Cada vez que presenten a un creador traerán a cualquier tipo de persona, pero nunca a un científico»
No me malinterpreten: desde niños he admirado a los bertsolaris, la literatura me fascina, algunas películas me conmueven y me han fascinado los trabajos de algunos pintores. Pero del ordenador cuántico que acaban de instalar en San Sebastián, solo han hablado de su precio y de su utilidad, no de la increíble creatividad que se ha necesitado para imaginarla, de cómo ha sido el proceso creativo de quienes la han diseñado. Lo que hace pocas décadas era una especulación, ¿cuántos nuevos conceptos y herramientas no han tenido que surgir para imaginarse y construir realmente?
Y lo que digo del ordenador cuántico, lo mismo podría decir del último artículo en cosmología, de los experimentos realizados para investigar el surgimiento de la vida o de los trabajos de creación de vacunas contra la COVID-19.
Incluso en el caso de aquellos que nunca llegaremos a hacer ciencia de este nivel, ¿cuánto trabajo diseñando un experimento? ¿Qué tipo de buru-janak buscan la manera de probar una hipótesis? ¿Cuántos ejercicios afilando nuestra creatividad? ¿Sabes qué es lo que menos quebraderos de cabeza me ha dado de los trabajos que he realizado en mis últimos proyectos? Diseño del logo.
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