Pamukkale, el castillo de algodón


En el sudoeste de Turquía, en el valle del río Menderes, hay una colina blanca que parece recubierta de nieve: Pamukkale, Castillo de Kotoiz (en turco). Este castillo blanco tiene una altura de 160 metros y una longitud de 2.700 metros. Cada segundo, 17 fuentes de agua caliente emiten 250 litros de agua que oscilan entre los 35 y los 100 ºC. El carbonato cálcico disuelto en este agua se precipita, y el llamado travertino es el que da ese color blanco a la colina.

Gruesas capas de travertino forman paredes verticales en algunos puntos, estructuras que parecen saltos de agua helados en otros, así como terrazas de poca profundidad llenas de agua.

Los griegos consideraron sus aguas como curativas y en la cima de Pamukkale construyeron la ciudad de Hierápolis en el año 180 a. Hoy en día se pueden visitar los restos de esta ciudad, como la necrópolis, rodeada de travertinos blancos.

A finales del siglo XX, las infraestructuras turísticas pusieron en peligro a Pamukkale. Se construyeron hoteles, se desviaron aguas termales a ellos, se construyó una carretera… Muchos pozos se secaron y Pamukkale empezó a perder su blancura. Conscientes de ello, se tomaron medidas para recuperar la belleza del castillo de algodón, entre ellas el derribo de los hoteles.

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