Pottoka: Esbelto, libre, antiguo

1986/08/01 Aizpuru, Maria Luisa - Elhuyar Fundazioa | Yaniz Aramendia, Santiago Iturria: Elhuyar aldizkaria

Pottoka es la raza de los caballos pequeños que viven libres en los montes de Euskal Herria. El pottoka ha jugado un papel especial en las costumbres y mitos de Euskal Herria. Sin embargo, cada vez es más difícil ver las pottokas en pasto libre en los montes de Euskal Herria, ya que la raza original se encuentra en peligro de extinción. Todo ello, junto con la personalidad propia de la misma raza y la antigüedad de la misma, da una particularidad al pottoka.

Un poco de historia

La palabra pottoka, que sirve para designar a cualquier animal en euskera, empezó a usarse para designar a los caballos pequeños y finalmente ha quedado atada a esta raza especial.

Dibujos e imágenes de Euskal Herria (Ekain, Etxeberri, Santimamiñe...) Su tema principal es la cabeza de caballo, la presa favorita de los cazadores de la época magdal. En muchos de los dibujos realizados en el hueso también aparece el pottoka. Estos datos nos hacen pensar que la pottoka ha vivido en los montes de Euskal Herria desde el Paleolítico. Por lo tanto, serían testigos de aquellos caballos prehistóricos.

El origen de la pottoka, según algunos, se encuentra en el periodo Solutre (Pleistoceno). Otros, sin embargo, dicen que es un pony traído de Europa en la Edad del Bronce o una raza autóctona que ha perdurado hasta la fecha.

Sea cual sea su origen, y con una evolución desconocida, pero utilizando biotopos especiales que le han ayudado a perdurar, esta raza de caracteres zootécnicos especiales ha llegado hasta nuestros días. En este momento, sin embargo, está sufriendo un importante fenómeno de hibridación, casi hasta la pérdida de pureza racial.

Raza similar a la de Pottoka, conocida como "asturianos". Son caballos pequeños que viven libres y que han sufrido hibridaciones y confusiones. Esta raza necesita medidas de protección para mantenerse.

En el sur de Francia también había otras razas de ponys: la raza barthais (desaparecida a finales de la guerra) y la landetarra (desaparecida como raza pura en 1946).

Población y distribución

Teniendo en cuenta la extensión del hábitat habitual de la pottoka, una de las características de la población es su abundancia. En Iparralde había censados 3.500 caballos de raza pura en 1970. En Hego Euskal Herria, 2000. Estos últimos, sin embargo, han sufrido una mayor hibridación.

Antes la cantidad fue mayor. Sin embargo, la comercialización, la disminución del área geográfica utilizada habitualmente por los caballos y la mayor ocupación de tierras en las montañas bajas están provocando un descenso de la población de pottokas. Hay que decir, sin embargo, que la raza está ganando en calidad gracias a las medidas de protección adoptadas.

La mayor parte de Pottoka vive en las provincias de Lapurdi, Baja Navarra y Baja Navarra, en esta zona esófona situada a lo largo de la frontera. Los límites de este territorio son, al oeste, el mar Atlántico, al Norte, San Juan de Luz, Ezpeleta, Hazparne, Iholdi y Donibane Garazi, y al Sur, Bera, Etxalar y Elizondo de Navarra.

En los montes de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba también se pueden encontrar variedades muy hibridadas de pottoka.

Caballo salvaje

Pottoka es vivo y rápido, elegante. Es un paso claro y con un fuerte carácter. Es muy dulce, pero a la vez temerosa. La vida libre en la naturaleza hace que el instinto defensivo y duradero esté muy desarrollado en los pottokas.

Es un caballo salvaje de tipo pony, con una altura entre 1,15 y 1,47 m. Peso entre 300 y 350 kg. La cabeza es un símbolo de su vitalidad y solidez, con proporciones clásicas y prácticamente igual al tipo de caballo de Solutre: robusto, de perfil recto, algo cóncavo a la vista y con orejas cortas y erguidas. Tiene grandes ojos de color gris azulado, que revelan vitalidad, apareciendo en el filo de cerdas que le vienen abajo de la frente. Cuello corto, con cerdas largas y numerosas. Pecho abierto, espalda ancha y larga, sierra ligeramente caída y cola larga y peluda. Sus patas son cortas y robustas con pequeños y duros cascos.

El pelaje es una de las características más destacadas del pottoka. Los jóvenes se cubren en otoño con una borra de unos 10 cm de grosor para protegerse del mal ambiente invernal. En primavera cambian de pelaje. Se les cae en trozos para convertirse inmediatamente en pelos cortos y brillantes. Los adultos también se cubren con pelos largos en invierno, pero sin llegar a ser pelaje juvenil. Cuanto más adelgaza en invierno, más largo es el pelo. Esta es la reacción del organismo que, a través de un pelo más largo, compensa la falta de protección que supone el consumo de grasas.

El color del pelaje puede ser muy diferente: pardo-rojizo, pardo oscuro, negro, pardo-pinto, pardo-rojizo o pintxo de trío. El color más abundante es el pardo-rojizo, color original del pottoka. Antes casi todas las pottokas eran pardo-rojizas o pardo-oscuras. En la actualidad, debido a la creciente demanda de los pinttos, el color disminuye. El color pinto no es fruto de la mutación, sino del cruce de caballos. Los pintos aparecieron originalmente en Bizkaia hacia 1850 y desde entonces una pequeña cantidad se extendió a Navarra y Lapurdi.

Hábitat

La necesidad de adaptarse al medio que ha vivido durante siglos ha obligado a adaptarse al ser original. En consecuencia, el pottoka ha conseguido una constitución especial. El tamaño, la apariencia y la inteligencia son determinantes por la herencia, pero el medio puede alterar estos factores. La dispersión fuera de Euskal Herria ha generado una variabilidad racial. Por ello, se ha producido una gran diferencia entre el caballo nacido y criado en el monte y el de la llanada. El animal del valle presenta una morfología diferente: mayor altura, pecho más ancho, sierra más horizontal y mayor fecundidad. Por otra parte, exportando a otros lugares distintos de su origen, la raza de los pottokas puede degenerarse en distintas formas.

Como se ha mencionado anteriormente, el hábitat original de la pottoka son los montes situados en Lapurdi y en el límite con Navarra. Esta zona presenta un relieve erosionado, con montañas redondeadas que apenas superan los 1.500 metros. La tierra de estos montes es de naturaleza geológica diferente. A pesar de ello, presentan una serie de características comunes como son la acidez del suelo y la pobreza de cal y arcilla. Todo ello, unido a la abundancia de piedras y rocas, las convierte en tierras incultivables.

El clima es oceánico, por lo que hay mucha humedad, temperatura templada y abundantes lluvias y nieblas.

La vegetación está compuesta por hayas y helechos de txillar, algunas zonas con bosques de robles y hayas y plantaciones de coníferas.

El aprovechamiento de los pastos es exclusivo de ovejas, vacas y caballos. La explotación de estos pastos se realiza por medio de convenios regularmente renovados. En la actualidad estos terrenos van cambiando poco a poco, por lo que la pottoka ha ido abandonando el monte. Esta disminución del hábitat se ha intensificado, además, con las plantaciones de coníferas y la modificación del status jurídico de la propiedad de los terrenos. Todo ello ha supuesto un cambio en el uso de los terrenos utilizados tradicionalmente para pastos.

A medida que los rebaños han proliferado, varios consorcios han prohibido el pastoreo y el tránsito de caballos, debido a la mala convicción de que los pottokas compiten con las ovejas. Porque no sólo es el competidor de la oveja, sino también el ayudante. Las ovejas sólo comen puntas de hierba, dejando los tallos, mientras que Pottoka se alimenta de hierbas duras. Estas son más suaves en los siguientes crecimientos, lo que las hace ideales para las ovejas. Además, el pottoka se alimenta de los brotes de la teta limpiando los senderos.

Los pastos y recorridos libres son necesarios para la conservación de los pottokas. Es una condición indispensable para el crecimiento de las pottokas en su hábitat original.

Vida y costumbres de Pottoka

Desde siempre el pottoka ha escapado al hombre. Para los hombres ha sido un animal de caza que se protege en el monte. Cuando el hombre pasó de ser cazador/recolector a ser pastor/productor, empezó a interesarse por este animal, por lo que la vida de estos caballos pequeños ha ido cambiando.

Es un caballo social que vive en grupos. El grupo está formado normalmente por 10-30 hembras y el macho correspondiente. Sus relaciones son muy especiales y se refuerzan a principios de primavera y verano.

Cada grupo vive en su territorio. Mediante la renovación generacional de las costumbres, los conocimientos sobre topografía, microclima y vegetación pasan de unos a otros.

La anchura de los pastos puede variar dependiendo del relieve del terreno y de la calidad de la hierba.

El grupo se distribuye en terrenos de unas dos hectáreas. El grupo se reúne cuando un desconocido se le rodea o se va en busca de agua. Se desplazan lentamente de un pastizal a otro, tomando brotes en un radio de unos dos kilómetros cuadrados. Si encuentran algún peligro o algo les asusta, huyen hacia un sendero conocido.

Estos desplazamientos se realizan en función de la meteorología. Viendo dónde están las pottokas, se puede ver el tiempo. Cuando bajan al valle, la señal de que el tiempo va a empeorar y si están en la cima del monte, el anticiclón llega.

Los desplazamientos son controlados y guiados por el macho del grupo. El resto sigue la jerarquía dentro del grupo.

Tras el mes de agosto, el grupo se divide en 5 o 10 grupos. El macho no se integra especialmente en alguno de estos grupos. Esta distribución se debe a la pobreza de las hierbas en época de sequía y a que el macho, que ya la ha tapado, no presta mucha atención a la distribución. Los grupos permanecen en diferentes lugares hasta el otoño.

Relaciones entre los miembros del grupo

Entre las yeguas surgen amistades debido al tiempo que llevan en grupo. Uno es el conductor del equipo, al menos en la medida en que le siguen los demás. Cuando se compara una nueva yegua, es aplastada por los demás hasta que una yegua (normalmente la más joven) hace amistad.

Los pottokas tienen un sistema de comunicación muy excelente. Algunas son orales, como los ronquidos amistosos y las irrintzis de miedo y enfado. La mayoría son gestuales; con los movimientos de las arcillas y oídos, expresan odio, amenaza, curiosidad, duda y ansia.

En cada grupo se establece una jerarquía matriarcada. De esta forma cada miembro del grupo conoce bien su nivel. Las yeguas conductoras no tienen que dominar a los demás por violencia. Basta con mover la oreja, darle la vuelta o agitar la cola para ahuyentar a sus amigos en la alborota. Aunque los peldaños se consiguen por medio de la violencia y la lucha, los caballos nunca llegan a herir gravemente. Y es que el más débil deja la lucha aceptando su dependencia. Las yeguas viejas son reconocidas como líderes del equipo. Alrededor de ellos se forman grupos o familias a finales de invierno.

El macho fecundante o calano dirige al equipo, actuando como jefe. Si un macho se acerca a un grupo que no tiene dirigentes, la hembra no consigue el liderazgo en ellos hasta que la cubre en tiempo ambiente.

Desde febrero hasta agosto el calano guía al equipo, manteniendo un entorno determinado y cuidando que ningún caballo entre o pueda entrar en ese lugar. Suele estar separada de las hembras, normalmente en un lugar elevado, de forma que se pueda apreciar fácilmente el olor de las hembras. Para delimitar su territorio deja excrementos en varios puntos y generalmente sobre los excrementos de la hembra. Cuando una de ellas es de una hembra guirante, se va en busca de ella levantando la cola y la cabeza antes de cubrirla y mostrando los dientes. Estas señales sirven para mostrar a extraños su propiedad y para advertir que no pueden acceder a este territorio.

Si alguien quiere competir con su jefe, entra en el equipo, se enfrenta a él. Entre ambos surge a continuación el típico estruendo. Se miran y enseñan los dientes, dispuestos a luchar. Se ponen de pie sobre las patas traseras y con la intención de golpear al otro. Cuando caen al suelo, se muerden las patas delanteras y, girando, echan las estelas con las patas posteriores.

Los dos caballos se alejan de uno mismo y tras una profunda mirada se vuelven a atacar. Después de veinte minutos, o quizás antes, se rechaza el más débil. Si el agresor sale vencedor, no consigue en las hembras el status del vencedor hasta la próxima temporada.

Los jóvenes constituyen la jerarquía inferior del grupo. Las hembras no se integran en el grupo durante dos o tres años, y hasta entonces son muy estupefacientes. Los alevines o potros, por su parte, son aceptados inmediatamente y a menudo van acompañados de calano. Sin embargo, cuando llega el tiempo ambiente, éste los compara, a menudo con enfado. En el segundo año comienzan a buscar las yeguas libres y aquellos que a los tres años no han conseguido formar equipo, se atreven a romper con los líderes de otros equipos para eliminar alguna hembra.

Ciclos reproductivos

Los machos son capaces de fecundarse desde los dos años, pero hasta los cuatro o cinco no alcanzan la madurez. Las hembras se cubren a los 3 años y con las cuatro se crían.

La temporada de giras se produce en primavera-verano, con temperaturas templadas y reproducción de pastos. La hembra gestante orina más de lo normal y suele estar muy nerviosa. Cuando el macho siente su olor, grita y acude a él. Cuando están juntos se lanzan potentes bafadas. La yegua da un par de botes al macho y éste salta asustado y grita. Si la hembra sigue poniendo objeciones, el caballo se aleja, pero en los siguientes días se hace una aproximación hasta que finalmente la hembra se rinde.

El recubrimiento se produce normalmente al atardecer. Tras una breve ronda, el caballo se coloca junto a la yegua, oliendo todo el cuerpo. De repente se compara para que la yegua tome la postura adecuada. Durante el vertido el cerda de la persona se cuece caramelos. Luego se tumba muy tranquilo en el suelo.

En los días posteriores al apareamiento, la hembra se va sucediendo hasta su reintegración en el grupo.

En la época de cría (once meses después) la yegua se dirige hacia un lugar solitario para dar a luz. Inmediatamente después del parto se pone de pie rompiendo el cordón umbilical y rompiendo la bolsa con los dientes. El niño, tras respirar, intenta ponerse de pie con la ayuda de su madre y comienza a beber leche.

Hasta unos días la yegua y el cachorro no se acercan al grupo. Cuando el recién nacido es capaz de fortalecerse y de caminar alrededor de su madre, acuden a los demás. Tras integrarse en el grupo, el niño juega con otros recién nacidos.

A los 6 ó 7 meses se les quita la dita. Para entonces, el cachorro suele estar fortalecido y acostumbrado a comer hierba.

Pottokas: Pasado y futuro

A pesar de que la pottoka ha sido un caballo salvaje en el pasado, con el paso del tiempo y a pesar de vivir libre, ha llegado a ser patrimonio del ser humano y utilizado como comercio. Ha llegado a ser parte del bien ganadero. El grupo de caballos se transmite de generación en generación entre los propietarios del ganado. Los caballos han sido vendidos anualmente en ferias y siguen siendo utilizados en el comercio de contrabando fronterizo.

Los pottokas también se han utilizado para transportar productos de caserío a las plazas. No obstante, dado que los burros y los mandos pueden ser utilizados para mayores tareas, a los pottokas se les ha asignado otra función diferente. Se han utilizado principalmente para el transporte del contrabando fronterizo. XVI. A partir del siglo XX también se vendieron para su uso en el circo, pero se han utilizado principalmente para el transporte de carbón en las minas. Y es que gracias a su poca altura y solidez era muy apropiado para este trabajo. Los caballos se vendían con un año y medio o dos años y se enviaban a Italia y España. Una vez terminada la demanda minera, comenzaron a venderse para carnicerías y embutidos.

Hay que decir, sin embargo, que en los últimos 10 años la situación de los pottokas ha cambiado mucho. En 1970, la administración francesa de Haras reconoció oficialmente esta raza con nuevos usos del pottoka.

Se está preparando para montar a caballo y está creando una gran afición en el País Vasco Norte para hacer excursiones en pottokas. El Gobierno Vasco, por su parte, viene adoptando desde hace años una serie de medidas para la protección de los pottokas.

Los principales puntos de venta de pottokas siguen siendo las ferias locales, especialmente las principales ferias anuales que se celebran en Zumarraga y Heleta. Los tratantes tienen trabajos para llevar las pottokas a los camiones, ya que estos caballos se defienden con dureza para conseguir la libertad que han perdido.

Esperamos que gracias a las medidas de protección adoptadas se mantengan los pottokas. Además de ser un caballo alegre y agradable, es un símbolo de la cultura vasca y un importante testigo de la vida libre en el bosque.