Química y biología en la guerra

2003/03/19 Kortabarria Olabarria, Beñardo - Elhuyar Zientzia

En lo que parece que Irak ya ha hecho, el tema de las armas químicas y biológicas tiene una gran importancia; entre otros, uno de los argumentos de los estadounidenses y sus criados para la guerra son los depósitos de este tipo de armas ocultas por Irak. Parece ser que se debe al desarrollo tecnológico, pero la guerra basada en armas químicas y biológicas no es la actual. Si bien son muchos los elementos que caracterizan a las armas químicas y biológicas, sólo algunos son muy conocidos por su frecuencia.

No se sabe con claridad cuándo empezaron a utilizarse las armas químicas, pero hace tiempo que fue. En tiempos del imperio romano, por ejemplo, los romanos eran hábiles sitiando ciudades y envenenando las fuentes de agua potable. Los romanos también llegaron a meter en las ciudades barcos con humores de cólera, lepra o plaga enfermos. XVIII. y XIX. Durante siglos esta técnica recobró fuerza cuando los europeos emigraron a otros continentes y, de forma voluntaria o involuntaria, llevaron enfermedades como la sífilis, la gripe o el baztanga. En consecuencia, los pueblos enteros también desaparecieron y, lógicamente, abaratados, más rápidos y con menos riesgos que con armas de pólvora o acero.

Durante la Primera Guerra Mundial se emplearon numerosas armas químicas, mientras que durante la Segunda Guerra Mundial se intentó utilizar armas biológicas. Los británicos, por ejemplo, lanzaron las esporas del bacilo del antrax a una pequeña isla escocesa. El ensayo tuvo éxito en 1979, cuando los miembros del ejército británico viajaron a la isla de Gruinard, llevaron prendas de protección para evitar que el antrax infectara el bazo.

Entre los años 40 y 44, los japoneses utilizaron también armas biológicas en la guerra contra China. El tifus y la peste fueron lanzados en 11 ciudades. Hubo miles de muertos, entre ellos civiles, gente corriente que no tenía nada que ver con el ejército. En la misma guerra, 3.000 soldados encarcelados fueron inyectados por los japoneses enfermedades epidémicas. De 3.000 murieron 1.000.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 50 y 60, el gobierno estadounidense construyó laboratorios militares en el estado maryland. El objetivo de los laboratorios era investigar las armas biológicas, llegando incluso a reunir en los mejores días a 1.000 científicos. Se realizaron importantes investigaciones en estos laboratorios, pero en 1970 el Lehendakari Nixon anunció que el Gobierno rechazaba el desarrollo de armas biológicas. Uno sabe por qué Nixon tomó aquella decisión, pero la cuestión es que dos años después se aprobó el Acuerdo Internacional sobre Armas Biológicas. En virtud de este acuerdo se prohibió la investigación, producción y almacenamiento de armas biológicas. El acuerdo se basaba en la inseguridad, ya que eran peligrosas y podían ser devueltas contra las que crearon.

Como se ve, el motivo del acuerdo no fue cívico. Sin embargo, más de 130 países han firmado este acuerdo y la humanidad parece no verse amenazada por las armas biológicas y químicas. La situación es muy diferente. La ingeniería genética ha sido la responsable.

Armas químicas y biológicas: las más conocidas

Gas mostaza

Fue el arma química más poderosa utilizada durante la Primera Guerra Mundial. Fue utilizada por primera vez por los alemanes en 1917, en Bélgica, y provocó una gran matanza entre los franceses. La denominación de mostaza es consecuencia del olor del gas al mosto. Aunque se le llama gas, la mostaza no es realmente gas, sino el resultado de la reacción entre el cloruro de azufre y el etileno. Es un líquido irritante. Al hervir se evapora y se vuelve tóxico. Una baja concentración en el aire es suficiente para que pueda afectar a mucha gente.

El gas mostaza, al ser uno de los primeros, sorprendió a los aliados. Sin embargo, poco tiempo fueron capaces de encontrar medidas de protección y no sólo eso, sino que también empezaron a prepararse para la guerra química. Esto provocó la aparición de nuevas sustancias: gas lacrimógeno, cloro, etileno, fosgeno... El ácido cianhídrico, utilizado en las cámaras de gas con condenados a muerte, es también de aquella época.

Agente naranja

El ejército de los EE.UU. era un trastorno de herbicidas utilizado durante la guerra de Vietnam como defolante y para destruir cosechas. Como consecuencia de estos herbicidas, las plantas comenzaban demasiado rápido y morían antes de dar el fruto. Durante la guerra de Vietnam se utilizó para que los árboles perdieran hojas, para que los vietnamitas no tuvieran lugar a esconderse, pero no se tuvo en cuenta su posible influencia en la longitud. También tenía pequeñas cantidades de dioxinas. Las consecuencias persisten hasta la fecha: los bosques dañados por el agente naranja no tienen hojas nuevas, muchas personas y muchos niños nacidos después han sufrido malformaciones por dioxina y no son pocos los casos de cáncer.

Además de los vietnamitas, los agentes naranjas afectaron a los soldados estadounidenses. Muchos excombatientes cobraron indemnizaciones tras comprobar que el agente naranja había dañado la salud y su uso está ahora totalmente prohibido. 50.000 ex combatientes han podido demostrar que el agente naranja ha deteriorado su salud. A la vista de ello, ¿cuántos serían los vietnamitas? No se sabe exactamente, pero más de 50.000.

Antrax

La palabra antrax proviene del griego Anthracis, carbón griego. De hecho, el antrax produce manchas similares al carbón. El antrax contamina animales de sangre caliente, sobre todo rumiantes como vacas, ovejas y cabras. Es una enfermedad zoonótica, es decir, que puede llegar a los seres humanos desde los animales. Puede dominarse si se detecta a tiempo, pero a menudo no presenta síntomas extraordinarios y los animales mueren rápidamente. A pesar de que las plagas de antrax se han repetido en varias ocasiones, hoy en día no tiene gran protagonismo entre los animales. Otras enfermedades, como la fiebre aftosa, están provocando mayores pérdidas económicas.

En el año 2000 se detectaron casos de antrax en 48 países del mundo, de los cuales 36 pertenecen al tercer mundo y el resto son países en desarrollo. Se trata, por tanto, de una enfermedad principalmente de los países pobres. Sin embargo, esto no significa que los países ricos estén a salvo. En algunos lugares de Estados Unidos, como Texas, el antrax es una enfermedad endémica, y en Alemania y Francia también se han encontrado algunos casos.

A menudo el antrax aparece relacionado con los conflictos. La relación Conflicto de Ántrax se debe a su sencillez, ya que las personas que huyen llevan a menudo animales, animales que ya estaban infectados o animales que han enfermado al escapar. Como es normal, la influencia del antrax en los seres humanos es mayor que en el resto de lugares donde se concentra el antrax y el conflicto.

Al igual que con el conflicto, en el caso del antrax también se relaciona con la pobreza. La gente que está hambrienta tiene más posibilidades de comer algún animal muerto por efecto del antrax, así como de comer carne que no ha pasado estudio. Siguiendo la misma lógica, se puede pensar que en los países pobres con un deficiente servicio veterinario, las posibilidades de comer carne contaminada con antrax son mayores y, por tanto, las posibilidades de aparición de la enfermedad en los seres humanos.

El antrax, como zoonosis, es capaz de llegar a los seres humanos desde los animales. Pero no es tan fácil, al menos en estado natural. La variante letal de la enfermedad, en los pulmones, afecta a quienes trabajan con lana o cuero de animales contaminados.

En estos casos, la infección entra por las vías respiratorias, pero es poco frecuente. La enfermedad de la piel es mucho más frecuente; el 95% de los casos de antrax que se producen en los seres humanos son de este tipo, los de la piel. Con un tratamiento adecuado no suele haber problemas y el número de muertos no llega al 1%. La tercera variante del antrax, que agrede el estómago, también puede provocar la muerte, pero no es tan letal como la de los pulmones. La enfermedad se adquiere comiendo carne de animales contaminados.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, pocos casos de antrax se han dado en humanos. En 1997 apareció en Ghana: Hubo 185 casos y provocó 26 muertes. En 1998 apareció tres veces en Rusia, pero sólo hubo 15 casos, dos de ellos murieron. Últimamente se ha conocido un caso de antrax entre los pastores de Etiopía, pero muy poco influyente, debido al consumo de algún hipopótamo contaminado. Según estimaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se produce un caso de antrax estómago en humanos por cada 30-60 animales contaminados que se consumen.

El tema del antrax producido en los laboratorios es muy diferente. Las esporas del antrax son una de las mejores opciones para la guerra biológica, ya que además de ser de fácil producción, son de fácil conservación. Además, duran muchos años y son fácilmente accesibles. Dado que el objetivo es hacer daño, en posibles agresiones microbiológicas se podrían utilizar los accesos más afectados por el antrax, es decir, las vías respiratorias. Si el objetivo es ese, la enfermedad del miedo es un antrax; en el resto no es para tanto.

El futuro de las armas biológicas

En 1973, Stanley Cohen y Herbert Boyer, biólogos de la Universidad de Stanford en California, consiguieron por primera vez introducir genes extraños en el material hereditario de algunas bacterias. Se consiguió superar el sistema de seguridad de la herencia. En consecuencia, se reavivó la investigación sobre armas biológicas. De hecho, se creó la posibilidad de diseñar microorganismos patógenos que hasta entonces eran difícilmente alcanzables y difíciles de utilizar en función de las necesidades.

Los militares del Pentágono pronto comenzaron a hacer preguntas: ¿cómo eran esas armas? ¿Qué influencia podían tener?... Y, además de hacer preguntas, comenzaron a poner en marcha proyectos. El biólogo molecular Michael Breindl ha trabajado en proyectos militares: "Hay todo tipo de proyectos. Por ejemplo, existen planes de transformación genética de la bacteria intestinal Escherichia coli. Se trata, en primer lugar, de convertirlos en resistentes a los antibióticos, después de que los ácidos intestinales no los dañen y se le pueden poner genes tóxicos e invasivos. Este tipo de bacterias escaparían al sistema de protección del cuerpo y serían capaces de eliminar las células".

Entre 1980 y 1987, las inversiones en investigación y producción de armas biológicas y químicas del Pentágono crecieron un 554%. 1.440 millones de dólares destinados a este tipo de proyectos. Se construyeron laboratorios de alta seguridad y comenzaron a trabajar los laboratorios de USAMRIID (Instituto Médico del Ejército de los Estados Unidos). Se han estudiado los virus Lasa, Ebola o Chikungunya, numerosas bacterias, veneno de setas, escorpiones y algas, y diversas toxinas.

Como es sabido, los científicos estadounidenses que trabajan para los militares ya han conseguido hacer clones de los genes de diferentes venenos biológicos. La estructura genética del antrax ya se conoce, así como la del botulismo, cólera, difteria, tétanos y el veneno de algunas serpientes. Esto significa que, en caso de necesidad, los científicos tienen en cualquier momento la posibilidad de obtener estas sustancias de forma rápida, sencilla y económica. Muchos de estos ensayos no se conocen, pero algunos sí. Ante la sociedad, por supuesto, se presentan disfrazados de investigación sanitaria.

Según los expertos europeos y estadounidenses, para cualquier Estado que quiera construir armas biológicas producidas genéticamente, bastaría con tener 200 probetas en un frigorífico con material original. Esto y la infraestructura de laboratorios farmacéuticos convencionales. El resto de operaciones: transporte, llenado de cámaras de explosivos con virus, aerosoles... bastarían con las estructuras militares que se utilizan para fabricar armas químicas.

En cuanto a su aplicación, los militares creen que el aerosol es el medio idóneo para difundir armas biológicas. La historia de las armas de la humanidad comenzó con los instrumentos de sílex y, desgraciadamente, no terminó con las armas nucleares; la ingeniería genética está creando una nueva generación de las armas más destructivas hasta ahora. Y, sorprendentemente, todo ello es legal, no contradice el acuerdo sobre la prohibición de armas biológicas, si se trata de proteger, porque este tipo de investigaciones y sistemas de defensa son expresamente aceptados. Una vez más, la realidad parece superar la ficción.

Armas químicas

  1. Fosgene: Afecta al aparato respiratorio. Mata inmediatamente. La única protección son las máscaras y los trajes anti-gas.
  2. XV: Afecta al sistema nervioso y provoca la parálisis del corazón. Mata en pocos minutos. La protección son máscaras y trajes anti-gas.
  3. Gas de Sarin: Afecta al sistema nervioso. Provoca parálisis en el diafragma. Mata en cinco minutos. La protección son máscaras contra el gas.
  4. Gas mostaza: Afecta a las vías respiratorias. No es totalmente mortal, pero enferma.

Armas biológicas

  1. Botulismo. Provoca mareo, cesan los neurotransmisores y parálisis hasta que la respiración se detiene por completo. Alta tasa de mortalidad. Se cura con vacuna y tratamiento anti-toxinas.
  2. Antrax. Comienza con fiebre y problemas respiratorios. Puede causar neumonía y muerte en unos días. Se trata con antibióticos y también se está investigando la vacuna.
  3. Peste. Produce lesión cutánea, derrames de sangre, problemas circulatorios, etc. Nivel medio de mortalidad.
  4. Baztanga. Comienza con fiebre y pustul. Contaminación y propagación muy sencilla. En caso de estar vacunado puede ser tratado.

Publicado en el apartado D2 de Deia.