La ballena vasca, más que un mito

1995/06/01 Mendizabal Idiazabal, Mikel Iturria: Elhuyar aldizkaria

La pesca desenfrenada que perduró durante siglos alejó a la ballena vasca del mar de Bizkaia hace tiempo. De generación en generación, con el envejecimiento de la memoria popular, el elemento central de la vida marina de los vascos se convirtió en el fantasma silencioso de los bertsos antiguos y escudos.

La pesca de ballenas nació hacia el siglo X en el País Vasco. Viendo que el rendimiento que se obtenía de los cetáceos que de vez en cuando se arenaban en la costa era elevado, los pescadores recurrieron a estos tesoros vivos. Una especie de ballena fue desde el principio la más querida por los pescadores, la ballena vasca.

Biología

La ballena vasca ( Eubalaena glacialis ) El misticete es un cetáceo de suborden, es decir, del grupo de cetáceos con barbas. Aunque puede alcanzar una longitud de 18 m y un peso de 100 toneladas, normalmente suele rondar los 15 m y 60 toneladas. Es negro, aunque puede tener algunas cicatrices blancas en la parte inferior. Su principal característica con respecto a otras ballenas es su cabeza, con una gran cabeza (una cuarta parte del cuerpo) y una bóveda sobre la cabeza llena de parásitos.

La boca presenta una gran curva con rebabas de 2,5 m de longitud. Las rebabas son dientes modificados, situados a ambos lados de la mordaza superior y con unas 270 en cada lado. La ballena se sirve de estas barbas para atrapar su comida, los colepodos y los eufasiáceos. La ballena nada con la boca semi-abierta y utiliza las rebabas como tamices, donde quedan encadenados los pequeños crustáceos que forman el zooplancton.

En la superficie del agua, durante las sesiones respiratorias entre inmersiones, suele haber entre 5 y 10 minutos, pudiendo realizar entre 4 y 10 respiraciones durante ese tiempo. La ballena vasca tiene en la espalda dos ostiolos (orificios) para respirar, por lo que el caudal de agua característico de los cetáceos, en el caso de la ballena vasca, es en forma de V, y es la inversa.

Es migrante. Pasa el verano en los mares septentrionales, en esta época del año debe acumular gran cantidad de alimentos, ya que pasa el invierno y el viaje migratorio sin comer. Cuando las aguas del mar del norte se vuelven demasiado frías, inician la migración anual, cada ballena tiene su región para pasar el invierno y regresa cada año.

Se reproducen en ellas. La cúpula se realiza en grupo, entre una hembra y 2-7 machos. Tras la fecundación, la hembra lleva alrededor de un año antes del parto en el vientre. El parto se produce en una zona poco profunda del invernadero, a comienzos del invierno. La cría a medias tiene una longitud de 5-6 m y un peso de 2 toneladas. En sus primeros 6-10 meses vivirá gracias a la leche de su madre, creando un profundo vínculo entre ambos.

Pesca de ballenas, declive de la población

Los balleneros conocían esta relación madre-hijo. Aprovechaban la ocasión para matar y atracar a la cría siempre que podían, con la certeza de que la madre iba a acercarse siguiendo la cría. La ballena vasca contaba además con otras ventajas para los pescadores: es un animal inerte y fácil de detectar, por lo que su nombre común deriva de esta lentitud, el ballena franca, que tras morir se mantiene flotando, lo que ayudaba a los pescadores a superar los problemas de transporte.

Pesca de ballenas en la costa cantábrica. Grabado en Sañez Reguarte.

Entre las materias primas obtenidas de las ballenas predominaba la grasa. La ballena vasca daba un alto rendimiento graso, ya que el 40% del peso es grasa. Por otra parte, su afeitado es fino, largo y abundante, paraguas, corsés, etc. Se utilizaba para hacer, siendo excepcional. Todo ello le llevó a convertirse en el objetivo principal de los pescadores de ballenas vascos.

La población de la ballena vasca sufrió la presión de la pesca desde los orígenes de la caza de la ballena. A medida que la pesquería de ballenas fue aumentando, la población disminuyó. Además, la pesca selectiva con crías y hembras reproductoras implicaba dejar a la población sin descendencia. Así, la población que invernaba en el mar de Bizkaia fue disminuyendo progresivamente.

XVI. Para el siglo XX, los vascos se vieron obligados a emigrar a los mares del norte, Terranova y Groenlandia, en busca de la ballena. En los mares nórdicos se descubrió la ballena norte ( Balaena mysticetus ). Al ser ésta más grande que la ballena vasca, tanto por el cuerpo como por las barbas, los pescadores obtenían más rendimiento de la pesca de la ballena norte. Para entonces, británicos y holandeses ya habían empezado a pescar ballenas, hubo una fuerte competencia y los vascos comenzaron a abandonar la pesca de ballenas.

La expansión de la caza de la ballena vino acompañada de un aumento de la pesca desmesurada de estas dos especies que redujo las poblaciones. XVIII. La rareza de encontrar ejemplares de estas dos especies para finales del siglo XX hizo que se consideraran caducados. La industria ballenera ya había iniciado la explotación de otras especies y, aprovechando los avances tecnológicos (cañón arpón), había canalizado el desastre de estas especies.

Los balleneros conocían la especial relación madre-hijo. Aprovechaban la ocasión para matar y atracar a la cría siempre que podían, con la certeza de que la madre iba a acercarse siguiendo la cría. La ballena vasca contaba además con otras ventajas para los pescadores: es un animal inerte y fácil de detectar, que tras su muerte se mantiene flotando y ayudando a los pescadores a superar los problemas de transporte.

Por ejemplo, XX. Si a principios del siglo XX vivían 206.000 rokuales azules y 500.000 rocosos comunes, en la actualidad las poblaciones de ambas especies se estiman en torno a 1.100 y 107.000 ejemplares, respectivamente. Durante los dos últimos siglos la ballena vasca, al menos en el Atlántico Nororiental, ha sido un verdadero fantasma marino, ya que se consideraba muy poco, y cuando aparecía, muría y se mostraba como los antiguos mamíferos.

Situación actual

La información sobre una especie tan rara en los dos últimos siglos ha sido muy escasa y a menudo contradictoria.

La población de ballenas vascas actual se divide en al menos dos grupos principales (ver mapa). Un grupo, que vive en el Norte del Pacífico, tiene unos 220 ejemplares. El segundo grupo es el del Atlántico Norte, donde también se pueden crear dos subgrupos: el grupo principal

Habita en el Atlántico Oeste y el segundo en el Atlántico Este. Residente en el Atlántico Oeste, pasa el verano en los bancos de Terranova y Boston y el invierno en la zona de Florida-Bermudas. Se estima una población de unos 100 ejemplares. La información disponible sobre la población del Atlántico Este es escasa, se cree que el último superviviente inverna en las costas de Cabo Verde y Sahara, pero el tamaño de la población es desconocido.

Mirando al futuro

El principal obstáculo a la hora de realizar previsiones objetivas sobre el futuro de la ballena vasca es la falta de información. Los escasos tamaños poblacionales recuerdan los problemas observados en otras poblaciones erlíticas similares, como el aislamiento de los individuos reproductores y la falta de variabilidad genética. Por otro lado, no pueden olvidarse los provocados por la contaminación marina, entre otras cosas, por la reducción de las zonas de admisión de poblaciones. Por último, aunque desde 1935 esta especie goza de protección integral, se han realizado capturas ilegales, como es el caso de la pesca de dos ejemplares en Madeira en los años 70.

Ballena vasca ( Eubalaena glacialis ) y Ballena Norte ( Balaena mysticetus ). El último es más grande que la ballena vasca, tanto en cuerpo como en tamaño de barba.

Si se quiere llevar a cabo una verdadera recuperación, es imprescindible conocer el tamaño y las poblaciones existentes en la actualidad. El paso tras el seguimiento de las poblaciones sería canalizar la protección de las zonas veraniegas e invernales, especialmente las de invernada, donde se dan procesos reproductivos.

Eubalaena australis es una especie estrechamente relacionada con la ballena vasca. Se mueve en el hemisferio sur, cerca de la Antártida (ver mapa). Aunque algunos autores la consideraron como de la misma especie, el CBI (Comisión Internacional de Ballenas) la clasificó como especie diferente en base al aislamiento geográfico existente.

Esta ballena meridional también fue explotada masivamente por el XIX. Fue prácticamente extinguido a finales del siglo XX. Sin embargo, la gestión realizada en torno a esta especie ha proporcionado resultados esperanzadores. Además de la total protección desde 1935, el gobierno argentino declaró "zona intangible" a las regiones reproductoras de estas poblaciones. En consecuencia, la población de esta especie se ha mantenido lenta pero creciente, situándose la población actual en torno a los 3.000 individuos.

Por lo tanto, se ha confirmado que una buena gestión tiene buenos resultados. Estas buenas gestiones se han basado en una verdadera voluntad de conservación. Siguiendo este tipo de ejemplos, quizás los bertsolaris tengan la oportunidad de cantar versos sobre la reaparición de las ballenas.