Bajo la sombra del covid-19: pérdida de biodiversidad

2020/04/24 Arrizabalaga Escudero, Aitor - Biologian doktorea Iturria: Elhuyar aldizkaria

Han sido varias las opiniones escuchadas en los últimos tiempos contra los murciélagos. Muchos se han asustado por los murciélagos, hasta el punto de proponer su muerte. Prueba de ello es el hecho de que investigadores chinos, preocupados por el estado de conservación de los murciélagos, escribieron un consejo a investigadores de todo el mundo. Sí, como muchos bosquetes, son depositarios de muchas especies de virus. ¿Pero ellos son los responsables de lo ocurrido con el covid-19?

Miniopterus schreibersii, murciélago de cueva que se conserva en las cuevas de Euskal Herria. Ed. Aitor Arrizabalaga

En el mundo existen más de 1.300 especies de murciélagos. La polinización de las plantas y la dispersión de las semillas desempeñan un papel ecológico fundamental en los trópicos. Además, son devastadores insectívoros con plagas de muchos de nuestros cultivos en su menú. Sí, se han identificado más de 200 virus en murciélagos, algunos de ellos potencialmente peligrosos para el ser humano. Los virus son abundantes en los mamíferos en general (Tabla 1) y en muchas aves y otros vertebrados. Pero si los dejamos en su entorno natural, las posibilidades de transmisión de enfermedades a los seres humanos son escasas y los beneficios ecológicos que nos ofrecen no son despreciables. Eso no es realidad. El estado de conservación de muchas especies no es bueno debido a las actividades humanas: un 12% de las aves, un 23% de los mamíferos y un 32% de los anfibios se encuentran en peligro de extinción, entre otros. Como veremos en este artículo, la pérdida de biodiversidad ofrece unas condiciones óptimas para facilitar la transmisión de enfermedades.

Lejos de un acontecimiento inusual, el covid-19 es el último de una larga lista de enfermedades zoonóticas, pero desgraciadamente no será el último. Entre 1960 y 2004 los investigadores identificaron 335 nuevas enfermedades infecciosas en humanos, de las cuales al menos el 60% provienen de animales, es decir, son enfermedades zoonóticas. Algunos ejemplos son el sida, el SARS-CoVa y el ébola. Sin embargo, según los modelos de los investigadores, el futuro no parece mejor. Los científicos han concluido que la aparición de nuevas enfermedades infecciosas está estrechamente relacionada con la pérdida de biodiversidad y las actividades humanas. Por definición, las enfermedades infecciosas se basan en la interacción entre especies. La modificación de estas interacciones puede dar lugar a nuevas posibilidades para los patógenos, tanto para aumentar la expansión como para la infección de nuevos hosteleros. Hemos saltado de un problema aparente de salud a un problema ecológico a nivel de ecosistema. Y los ecosistemas están lejos de ser simples.

Tabla 1. Grupos de mamíferos que comparten virus zoonóticos con humanos. Basado en Johnson et al (2020). Imagen realizada en el programa BioRender.com. Ed. Aitor Arrizabalaga

Influencia de la transformación de la biodiversidad en la dinámica de los patógenos

La diversidad de especies hace referencia al número de especies y a su abundancia relativa. Además, las especies interactúan en los ecosistemas. Cuanto más complejo es el ecosistema, como la selva tropical, más rico es el número de especies y el número de interacciones entre ellas. En este contexto, los lugares con alta biodiversidad pueden actuar de dos formas opuestas. Por un lado, las ricos en biodiversidad pueden ser depósitos de nuevos patógenos potenciales. Por otro lado, una biodiversidad con una gran diversidad puede reducir la transmisión de patógenos nuevos o conocidos, o, por el contrario, aumentar la transmisión de patógenos con pérdidas de especies. Como veremos, la identidad de las especies que desaparecen o dominan tiene una gran importancia en la transmisión de enfermedades, ya que no todas son ecológicamente iguales.

La disminución de la biodiversidad modifica radicalmente la composición de especies en una comunidad, con la desaparición de muchas especies y el aumento espectacular de las poblaciones de algunas. Esto puede tener varios efectos encadenados. Si las especies desaparecidas son hostales potenciales del patógeno, la difusión del patógeno se reduce a menos especies y se concentra (Figura 1). Además, al reducir la competencia con especies desaparecidas, la abundancia de especies sobrevivientes aumenta considerablemente. Las especies que suelen proliferar en medios modificados suelen ser de alta resiliencia ecológica, resistentes a los cambios ecológicos. Presentan altas tasas de reproducción y escasa adaptabilidad o inversión inmune, con características adecuadas para ser huéspedes y vectores de patógenos. Todo ello produce un efecto de amplificación del virus. Esto es lo que han observado en numerosos estudios: las especies que han proliferado y extendido en medios antropizados son las que presentan un mayor riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas. A todo ello hay que añadir el comportamiento de los hosteleros (gregarios o solitarios, con tendencia al enfrentamiento…) y el efecto que la movilidad vectorial (mosquitos, por ejemplo) puede tener en la expansión del enfermo.

Figura . En el cuadro superior, representación adaptada de un experimento con pequeños mamíferos en la selva de Panamá. El tamaño de los mamíferos indica la abundancia relativa de la especie. Al disminuir artificialmente la diversidad de los mamíferos (derecha), aumentó la población de uno de los hosteleros y se extendió la expansión del arrecifes alrededor. En el cuadro inferior se muestra la respuesta de algunas especies a la Borrelia patógena y su vector; los Oposum amortiguan la expansión del patógeno y los ratones de la pierna blanca lo amplían. Imagen realizada en el programa BioRender.com. Ed. Aitor Arrizabalaga

Por otra parte, algunas de las especies desaparecidas suelen ser huéspedes malignos, es decir, pueden ser infectadas por patógenos, pero la transmisión no suele tener continuidad y se corta su expansión. Estas especies refuerzan la propagación de enfermedades. Por tanto, al reducir la diversidad de hosteleros deficientes, la presencia de patógeno se concentra y amplifica en los establecimientos más adecuados y aumenta el riesgo de transmitirlo al ser humano. Es el caso, por ejemplo, del virus del Nilo Occidental y del virus inflamatorio observado en aves y mamíferos respectivamente.

Por último, esta compleja ecuación debe ser considerada como la diversidad dentro de la hostal. De hecho, cada vez son más los estudios que demuestran la importancia de la diversidad de comunidades bacterianas (microbioma) en la simbiosis con los hosteleros en la sensibilidad y difusión de los patógenos. La pérdida de diversidad recuerda los patrones observados a nivel de ecosistema. El uso abusivo de antibióticos repercute sobre la diversidad microbiana, tanto en la ganadería como en el ser humano, y, junto con todo lo anterior, aumenta la vulnerabilidad de los hosteleros a los patógenos.

Aparición de nuevos patógenos

Para que un patógeno pueda infectar una nueva especie debe dar tres pasos: 1) invadir un nuevo host; 2) crear patógenos con capacidad de transmisión dentro del nuevo host; y 3) consolidarlos como patógenos en el nuevo host. Casi la mitad de las nuevas enfermedades zoonóticas identificadas por los investigadores desde 1960 se han relacionado con cambios en el uso del suelo, transformaciones del medio agrícola y/o ganadero y la caza de animales salvajes. Todas estas actividades humanas tienen una variable común: incrementan el contacto entre el hombre y los animales, y esta es la condición necesaria para que los patógenos invadan nuevos hosteleros. Una vez invadido el nuevo host, la densidad individual de éste puede condicionar totalmente la transmisión y fijación del nuevo patógeno.

Ejemplo de ello es el caso del virus Nipah, en Malasia. La expansión de las tierras agrícolas desforestadas y el crecimiento de la ganadería aumentó las interacciones entre animales salvajes y humanos. Entonces, el virus saltó primero de los murciélagos del género Pteropus (fruticultores de murciélagos) a los cerdos domésticos. Posteriormente, se considera que en las granjas de alta densidad de cerdos se facilitó la transmisión de cerdos a cerdos (producción intensiva). Finalmente, el patógeno saltó del cerdo al hombre. Hay quien dice que hay casos que se han transmitido directamente a los seres humanos como consecuencia del consumo de frutos que han estado en contacto con los murciélagos. Este patógeno y otros tienen una base similar: los países con peores condiciones socioeconómicas (no siempre), necesariamente, transforman el medio natural y aumentan la estrecha interacción entre la vida silvestre, el animal y el hombre.

Estas interacciones nos recuerdan mercados frescos como el de Wuhan, que son el único lugar donde las neveras son escasas para obtener carne fresca en Asia y África. En este tipo de lugares, tanto el ganado como los animales salvajes permanecen en contacto estrecho. Es más, teniendo en cuenta la cantidad de dinero que mueve en el mundo el comercio ilegal de animales salvajes (carne, boli, cuero, animales domésticos, medicamentos...) ¡como el comercio de armas y drogas! ), no es de extrañar que muchos de estos países deban incorporarse a este negocio. Muchas de estas especies animales están amenazadas como el famoso pangolín. Según los investigadores, entre las especies de mamíferos amenazados, las que más virus comparten con los seres humanos son las comercializadas, lo que aumenta el riesgo de nuevas brotes.

Por otro lado, puede resultar atractivo criminalizar a este tipo de países con enfermedades como el covid-19. Pero esas sentencias son absolutamente injustas. De hecho, las zonas agrícolas desforestadas o la práctica ilegal de caza son la única fuente de alimento de estas poblaciones. Y no podemos olvidar que detrás de esta situación se encuentra la enorme presión que ejercen los países ricos para obtener minerales, alimentos, lugares de vacaciones u otros recursos.

En definitiva, la aparición y transmisión de virus zoonóticos como el covid-19 ha aumentado en las últimas décadas. El desconocimiento ha hecho que los animales salvajes y, sobre todo, los murciélagos hayan sido considerados como los principales culpables, lo que ha reforzado el terror social. Esta expansión, sin embargo, está relacionada con los cambios ambientales provocados por las actividades humanas, como la retirada de zonas a los bosques de producción primaria intensiva, la urbanización y la caza. El cambio ambiental modifica la diversidad de especies y las interacciones entre ellas. Además, no todas las especies son iguales. Por tanto, es necesario conocer bien su ecología y epidemiología para investigar brotes de nuevas plagas, orígenes, medicamentos, etc. Detrás de todo esto está la responsabilidad de los países ricos y pobres. Es hora, por tanto, de tomar conciencia de la importancia de la salud del medio ambiente dentro de la salud humana y el bienestar. Tal vez esta situación provocada por el covid-19 nos sirva para reflexionar sobre el modelo de sociedad. Tal vez no.