Árboles trasmochos, de la construcción naval a la sostenibilidad

2021/06/01 Agirre Ruiz de Arkaute, Aitziber - Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

El paisaje forestal tradicional de Euskal Herria se compone de árboles trasmochos o árboles trasmochos. Además de valor cultural e histórico, el XIII. También son testigos de una gestión forestal sostenible que se desarrolló y refinó desde el siglo XX y durante casi 600 años. Debido a la necesidad, los vascos fueron capaces de conjugar las necesidades de madera de la construcción naval con las actividades económicas más importantes de la época en un único tipo de bosque. El investigador Álvaro Aragón Ruano cree que encontraron la clave para la sostenibilidad.
Ed. Mikipons, Wikimedia

Los árboles trasmochados son árboles cortados repetidamente para obtener madera. Mantenían el tronco de los árboles y explotaban sus ramas obteniendo árboles viejos pero continuamente fértiles. “En aquellos siglos había muchos intereses en torno al bosque. En Gipuzkoa, Bizkaia y Lapurdi, la construcción naval era puntero, casi el XVI. Hasta finales del siglo XX. La siderurgia, la ganadería y la agricultura eran también importantes actividades económicas, todas ellas muy ligadas a la madera. ¿Cómo equilibrar las necesidades de todos?”, afirma el historiador de la UPV, Álvaro Aragón Ruano.

“En la siderurgia necesitaban carbón vegetal. La construcción naval, justo lo contrario: por un lado, árboles largos y rectos para la adquisición de tableros, pero sobre todo, para garantizar la estructura del barco, para conseguir costillas redondeadas. Y la ganadería necesitaba bellotas. En lugar de adaptar un tipo de bosque para cada actividad, consiguieron imaginar un bosque sostenible que cubriera las necesidades de todos: los bosques trasmochados”, explica Aragón.

Álvaro Aragón Ruano. Doctor en Historia y profesor de la UPV.

Anteriormente, se creaban dos modelos de bosques totalmente diferentes: las goteras de árboles, árboles largos y rectos que obtenían plantando árboles muy cerca, y las cháradas, árboles de ramas finas que se forman al cortar los árboles del fondo de los fondos, que se cortaban para carbón cada 12-15 años. La clave fue convertir las txaridas en árboles trasmochos. “A una altura de dos o tres metros del tronco se cortaba el ramal principal del árbol y se le dejaban 2-3 ramales laterales para que crecieran hacia arriba y se formasen los crines necesarios para la construcción naval. Lo hacían sobre todo con robles. Cuando el roble tenía entre 60 y 100 años, se le cortaban esas ramas fuertes. Pero, mientras tanto, crecían nuevos brotes que se cortaban cada 8-10 años para obtener carbón vegetal para la siderurgia. Asimismo, las bellotas de árboles trasmochos eran la base de la alimentación de cerdos, vacas y otros animales”. Era un modelo silbopastoral.

El modelo de los árboles trasmochos fue tan refinado que desarrollaron también una técnica especial para la obtención de los postes redondeados necesarios para la construcción naval: guiaban las ramas principales para que pudieran crecer siguiendo formas incorrectas estandarizadas. “Una hipótesis es que usaban cuerdas y maderas para guiar las ramas. Parece que los vascos eran los únicos que dirigían los árboles trasmochos. Les llamaban Ipinabar”, dice Aragón.

El cultivo de las ramas principales se conducía mediante cuerdas y maderas, que luego se cortaban con plantillas para obtener las formas estandarizadas necesarias para fabricar los envases. Autor de las imágenes: Mikel Leoz /© ALBAOLA.

Cuando la construcción naval perdió fuerza, dejaron de conducir y siguieron utilizando árboles trasmochos para la siderurgia y la fabricación de carbón. Los robles pasaron de ser trasmochos a collar hayas, viejos hayas cortas que sobreviven hoy en nuestro paisaje.

Durante siglos los vascos hicieron así una gestión sostenible del bosque. A diferencia de las plantaciones arbóreas actuales, los árboles trasmochos eran bosques maduros y, por tanto, refugio de la biodiversidad. Todavía se ve en los actuales hayedos trasmochos, con numerosos orificios y zonas de putrefacción, que constituyen un lugar ideal para las aves. Utilizan con frecuencia garrapos, amilotx azules o carboneros. Igual los murciélagos del bosque. Muchos hongos e insectos saprofitos se alimentan de su madera podrida. Y en troncos y ramas se fijan algas, líquenes, musgos y helechos.