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Bricolaje biológico

2000/01/11 Roa Zubia, Guillermo - Elhuyar Zientzia

El tratamiento de los órganos humanos puede revolucionar las células y tejidos criados en los laboratorios en los próximos años

El cristal de la ventana de los ojos es la córnea. El objetivo de este tejido transparente en la parte delantera del ojo es permitir la entrada de luz, pero sólo la luz. Es una potente protección contra el polvo y los restos. Sin embargo, a diferencia de los cristales de los edificios, la córnea no es fácilmente limpiable exteriormente cuando el origen de la suciedad es una enfermedad o lesión. En estos casos, se evita la visión de la persona y en algunos casos puede resultar cegada. Para evitarlo, los cirujanos pueden introducir corneas sanas en el lugar de los heridos, pero es muy difícil conseguirlas. La mayoría de los resultados obtenidos se destinan a ello, por lo que los investigadores no pueden abordar suficientemente los estudios e investigaciones. Además, no queda nada por hacer estudios de toxicidad. Para poder llevar a cabo todos estos trabajos, los laboratorios suelen tener que ensayar en conejos.

Realizado en laboratorio

Investigadores canadienses y estadounidenses se unen para sacar adelante un proyecto curioso al respecto. May Griffith, que trabaja en el Instituto del Ojo de la Universidad de Otawa, y Mitchell Watsky, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tenesse, en Menphis, quieren hacer corneas humanas. Para ello, las células de la córnea humana han crecido en los laboratorios. Según los expertos, las córneas artificialmente formadas por el momento no son incorporables a nadie, pero pueden servir para investigar. Los toxicólogos pueden examinarlos como si fueran de los ojos heridos, disminuyendo así el uso de las córneas de los animales.

El objetivo inicial de los investigadores era aclarar los efectos posteriores a la cirugía, por qué algunas córneas no producían cicatrices tras el tratamiento con láser. Las córneas humanas obtenidas para la investigación estaban obsoletas. Por lo tanto, se decidió que las córneas crezcan en los laboratorios.

En las córneas se pueden encontrar tres tipos de células: epiteliales (que forman la piel externa), queratocitos (centrados) y endoteliales (de superficie interna). En el primer paso de los científicos se formaron almacenes de este tipo de células a través de los genes de los virus que provocan una síntesis constante. Una vez terminado el almacén se valoraron las características de las células para asegurar que no son capaces de cultivar cáncer y que son capaces de crecer en un medio denominado agar blando.

Para formar las córneas se formó una fina capa de células endoteliales que luego se cubrieron con queratocitos y proteínas. Por encima de esto se añadió la capa de células epiteliales y se le permitió madurar en un plazo de dos semanas. Las células epiteliales estaban situadas en el límite entre el aire y el líquido, como ocurre en una verdadera córnea. El resultado era un tejido transparente, con una tendencia similar a la córnea humana. Por ejemplo, cuando se añadía detergente débil, se activaban genes para curar heridas, como en las corneas humanas. Los detergentes fuertes pulverizaban la córnea en la medida en que ocurre en humanos y conejos, o similar.

Para llevar a cabo estos últimos experimentos, la compañía Procter Gamble de Cincinnati puso dinero con el objetivo de desarrollar nuevas formas de medir la toxicidad sin utilizar animales a largo plazo. Los pasos de la compañía fueron seguidos por activistas a favor de los derechos de los animales. Con la puesta en marcha de este tipo de proyectos se espera buscar el sustituto de la prueba de Draize. Esta prueba mide la irritación ante productos químicos mediante la utilización de conejos.

Alan Goldberg, de la universidad John Hopkins, trabaja en un centro donde se buscan alternativas a pruebas con animales. En su opinión, las córneas artificiales todavía no pueden sustituir a la prueba de Draize, sino que hay que aprender a elaborarlas en grandes producciones y asegurarse de que siguen actuando como las humanas. En esta dirección se encuentran la compañía Procter Gamble, la gran empresa Unilever y el Instituto de Ciencias In Vitro de Maryland.

Pendiente de control de calidad

Las células no están listas para ser utilizadas en trasplantes. Aunque no muestran signos de cáncer, hay que observar lo que ocurre a largo plazo. Por otro lado, hay que cuidar otras características, como la cuestión de la respuesta inmunológica y de la transparencia a largo plazo. Las córneas explican las características de su uso en trasplantes, pero el camino que va a recorrer hasta su uso real es todavía largo.

Mientras no se logre, los tejidos de laboratorio podrían dar un gran impulso a la investigación sobre córneas. Podrían utilizarse como sistema de modelos y empezar a responder un montón de preguntas clave.

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