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Voluntarios forzados en pruebas clínicas

2011/02/12 Galarraga Aiestaran, Ana - Elhuyar Zientzia

El mes pasado, la revista británica New Scientist publicó un artículo de denuncia de la prestigiosa profesora de derecho Osakie K.Obasogie. El artículo se titula "Clinical trials on trial", es decir, "Pruebas clínicas a prueba". De hecho, Obasogie denuncia que hay pruebas clínicas en Estados Unidos en las que los participantes no son voluntarios en absoluto.

El problema no es nuevo. En el propio artículo de Obasogie aparecen algunos ejemplos del pasado. Por ejemplo, mientras los nazis realizaban experimentos inaceptables en sus laboratorios, los servicios de salud estadounidenses denegaban el tratamiento anti-sífilis a cientos de personas con el objetivo de analizar la evolución de la enfermedad. Todas estas personas eran de raza negra y el experimento duró hasta 1972.

El profesor Obasogie denuncia que los participantes no son voluntarios en algunas pruebas clínicas estadounidenses.

Obasogie también ha mencionado el trabajo de la historiadora Susan Reverby. Reverbi ha anunciado que, en la década de 1940, el personal de los servicios de salud estadounidenses infectó a pacientes, presos y soldados sífilis de Guatemala para probar si la penicilina era un medicamento adecuado. En algunos casos se utilizaron prostitutas enfermas para contagiar la sífilis.

La publicación de estos hechos obliga a Barack Obama a pedir perdón a las víctimas. Es más, Obama ha pedido al Comité de Bioética que garantice la protección y el trato ético de las personas que participan en las investigaciones.

Sin embargo, Obasogie cree que a pesar de que las declaraciones son merecedoras, Obama se ha quedado corta. Y es que cree que no basta con revisar las reglas de los experimentos, sino que considera que hay que analizar todo el contexto. De hecho, el número de voluntarios que la industria farmacéutica necesita para probar medicamentos crece año tras año. Y Obasogie tiene claro quiénes son los primeros candidatos: los pobres y los inmigrantes sin papeles. Son impulsados por cientos o miles de dólares que ofrecen las compañías por su participación.

En el extranjero, en las cárceles

Obasogie dice que el segundo candidato es la población de los países pobres. El año pasado, la revista Elhuyar publicó una serie de artículos sobre el placebo. Una de ellas se refiere a la cuestión ética, que también aparecía en ella. En concreto, la investigadora de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano, Leire Escajedo, alertaba de que las empresas farmacéuticas utilizan el doble estándar. Así, en África aceptan investigaciones que en ningún caso se aceptarían en Estados Unidos, por ejemplo, tratamientos anti-sida que se prueban con el uso del placebo.

Los datos aportados por las obasogias coinciden con los publicados por Elhuyar en que la mitad de las pruebas clínicas dirigidas por compañías farmacéuticas estadounidenses se realizan en el extranjero, sobre todo en India y África subsahariana, tendencia que se está incrementando año tras año.

Por último, Obasogie también menciona a quienes ocupan el tercer lugar en la lista de voluntarios forzados: los presos. Debido a los excesos pasados, la participación de los reclusos en las pruebas clínicas está fuertemente regulada. En los últimos tiempos, Obasogie ha denunciado que se están dando facilidades a los investigadores para pasar por encima de las normas. Es más, el propio Instituto de Medicina, que asesora al Gobierno, ha recomendado reblandecer las normas.

Por lo tanto, Obasogie considera que el mayor debate ético en ciencia y medicina no se refiere a determinadas tecnologías o a la biología sintética, sino a una cuestión mucho más básica, el trato que se da al otro.

El artículo de Obasogie concluye con una pregunta dirigida al Comité de Bioética de Estados Unidos: ¿es ético pedir a los miembros más vulnerables de la sociedad que ofrezcan sus cuerpos a la ciencia?

Publicado en Gara

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