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El Guggenheim vuelve a brillar

2001/07/05 Kortabarria Olabarria, Beñardo - Elhuyar Zientzia

El día de la inauguración del Museo Guggenheim, en octubre de 1997, entre otras cosas, se destacó la originalidad y adecuación de las planchas de titanio que decoran el exterior del edificio. Y es que el titanio, además de espectacular, es un material que no necesita ningún mantenimiento adicional. Es un material ligero y de alta resistencia al agua de mar y al viento, uno de los más excelentes para combatir la corrosión.

Teniendo en cuenta estas características del Titanio, no se esperaba ningún problema en el Museo Guggenheim. Pero desde que se abrió el museo ha pasado tiempo, y hace cuatro años, al elegante traje del edificio más emblemático de Bilbao, poco a poco, le aparecieron las manchas. Esto ocurrió el año pasado. Conscientes del problema, las autoridades del museo han encargado durante este tiempo numerosas investigaciones para decidir cómo limpiar las manchas de titanio. Por último, el Centro Tecnológico Inasmet de San Sebastián aprovechará el sistema inventado y pronto el Museo Guggenheim volverá a tener un aspecto elegante para siempre.

El producto inventado por el centro tecnológico de San Sebastián es, en resumen, una espuma que se lanza a presión sobre la plancha, se le da un par de minutos para que haga su trabajo, se absorbe y finalmente, si hubiera alguna espuma pequeña que no se haya absorbido, se limpia la plancha con agua.

Para poder inventar el nuevo producto, los investigadores de Inasmet han tenido varios inconvenientes: algunos técnicos –dificultades para conseguir el propio producto– y otros formales –la solución tenía que tener necesariamente unas características determinadas por las autoridades del museo. Es decir, la solución no podía influir en la apariencia del material original, ni en la rugosidad, ni en el color, ni en el brillo. Al mismo tiempo, para la limpieza de las planchas no se permitía el uso de andamios ni el deslaminado. Además, la solución debía ser rápida y no dañar el medio ambiente.

Por tanto, Inasmet ha tenido que idear un sistema que cumpliera todas estas características para encontrar una solución que devolviera al exterior del Museo Guggenheim su aspecto natural. El trabajo partió de analizar el problema. "¿Qué ha pasado? Primero intentamos responder a la pregunta –dice Alberto Pelayo, investigador de Inasmet–. Estudiamos las manchas y nos dimos cuenta de que éstas se debieron a la atmósfera de Bilbao y a las obras que se han realizado en la zona del museo. Si el titanio tiene por sí una pequeña capa que no se ve, en condiciones normales de unos 3 nanómetros, en este caso vimos que había crecido hasta 8 nanómetros, debido a la excesiva oxidación. Aquí se han apilado, por un lado, el óxido de titanio natural y, por otro, la sílice. Estos silicatos son polvo proveniente de piedras cortadas en las obras que se han realizado en la zona, partículas muy pequeñas. En realidad son inertes, pero han facilitado el proceso de ampliación de la capa".

Sin embargo, lo sucedido no parecía tan simple, ya que al Museo Guggenheim se le habían extraído manchas negras en algunos lugares y en otros, manchas largas en forma de vertidos. En el centro tecnológico de San Sebastián se analizaron dos tipos de manchas. "Sí, y nos dimos cuenta de que tenían el mismo origen, aunque aparecía en diferente forma. Los lugares donde aparecieron las manchas negras son lugares en los que normalmente no llega la lluvia, es decir, que no se limpian con agua de lluvia. El otro, el correspondiente al camino que siempre toma el agua cuando llueve. La lluvia en sí no es mala, porque limpia las planchas. Pero si no llega a unos sitios, esos lugares no se limpian, y si en otros lleva demasiado agua, el material que lleva el agua por sí solo puede quedarse en el secado".

Aunque todos los beneficios del sistema de Inasmet lo han reconocido, no ha sido nada fácil encontrar una solución. "Sabíamos cuál era el problema, pero nos ha costado más encontrar la solución. Al principio mezclamos agua con un producto alcalino, que se arroja a presión a las planchas, luego se utilizó vapor, vinagre y un producto alcalino… pero nada servía. Finalmente apostamos por la espuma, porque la espuma no ensucia el material original, se puede utilizar en determinadas zonas y, una vez usada, se puede aspirar".

Sin embargo, la espuma que han desarrollado en Inasmet no es de ningún tipo, la llaman espuma imposible. "Decimos que es imposible porque en una misma mezcla tenemos un ácido –agente eficaz– y un polímero soluble en agua –espesante–. A su vez, contamos con un agente tensoactivo, estabilizador, indicador y gas licuado –inerte y no perjudicial para el medio ambiental-. El trabajo más importante ha sido el de ser estable y eficaz en el tiempo necesario, a veces se nos caía la espuma, otras veces conseguía estabilizarla pero no tenía efecto… Por último, conseguimos un producto que se puede asimilar al revelado fotográfico, revelamos o limpiamos agentes efectivos, el estabilizador frena o fija la influencia del agente eficaz, aspiramos el producto y finalmente lo limpiamos con agua”. Los elementos concretos de la espuma imposible, por supuesto, son secretos.

Con motivo de la limpieza del Guggenheim, este problema ha tenido una gran presencia en los medios de comunicación. Y el problema se repetirá, pero no parece que llamen la atención de los medios de comunicación. "Con el tiempo se vuelve a ensuciar, pero no tiene por qué causar problemas. Ahora, una vez finalizada la limpieza general, tendrán que meter la limpieza del titanio en el protocolo de mantenimiento habitual, como se hace para limpiar los cristales o pasar la escoba".

Hasta que se decide que el sistema de Inasmet es la mejor solución, el Guggenheim ha tenido varias opciones. La empresa estadounidense Timet, que fabricó planchas de titanio, también presentó su propuesta. Según los estadounidenses, la solución más adecuada era limpiar las planchas con electrólisis. El proceso de limpieza con electrólisis es sencillo y eficaz en los laboratorios, pero otra cosa era hacerlo en el propio museo. El Museo Guggenheim cuenta con 42.800 láminas de titanio y, utilizando el sistema de Timet, cada una de ellas tardaba unos 20 minutos en limpiarse. Por lo tanto, además de que el trabajo de limpieza sea muy lento, con este sistema sería caro.

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