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2006/04/01 Arbelaitz Ubegun, Estibaliz - Biologian lizentziatua Iturria: Elhuyar aldizkaria

Mirando al entorno podemos encontrar árboles viejos por doquier, lo que los ha convertido en invisibles hasta que han sido vistos por otros ojos que no son los nuestros. Helen Read llegó por primera vez a Euskal Herria hace 5 años, en el marco de su viaje por Europa. En ese viaje buscaba los viejos árboles que tanto controversia suscitan en Inglaterra, sobre todo los que en su día se disfrazaron. Helen Read trabaja en Burnham Beeches, la Red Natura 2000, y forma parte del foro Ancient Tree Forum, creado en torno a la gestión de árboles viejos. Este grupo, que agrupa tanto a la ciudadanía como a los profesionales que trabajan con los árboles viejos, tiene como objetivo mostrar la importancia de estos seres vivos.
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01/04/2006 | Arbelaitz Ubegun, Estibaliz | Licenciado en Biología

(Foto: R. Arbelaitz)
El árbol viejo es un árbol que se encuentra en la última etapa de la vida, con una madera muerta en la copa y un grueso tronco que poco a poco se va descomponiendo, con numerosos orificios; los cursos de agua que discurren por el interior del tronco provocan la putrefacción de la superficie exterior y su progresiva pérdida. A menudo tienen el interior del tronco corrompido o sólo queda un gran agujero. Aparecen los cuerpos fructíferos de los hongos, con abundante presencia de plantas epífitas, tanto en el tronco como en las ramas, y en general, de seres vivos interdependientes.

Hay árboles de estas características en el País Vasco, aunque no son de muchos años, y muchos de ellos se emparraron en una época: se llaman árboles trasmochos o cortos. Este tipo de árboles son fruto de la historia de nuestros bosques.

Los árboles, huella histórica

Dos viejos árboles de Ernio. En la derecha se ven hongos y líquenes epifitos en el tronco.
R. Arbelaitz

Hasta la Edad Media la silvicultura no tuvo tanta importancia en el País Vasco, pero sí en el XIII. A partir del siglo XX la demanda de madera comenzó a aumentar, sobre todo para su uso en la construcción, la siderurgia y la industria naval. A lo largo del tiempo y sobre todo por la importancia que adquirieron la siderurgia y la construcción naval, los bosques empezaron a explotarse con dureza. Los árboles se cortaban por el límite de la tierra y, como en algunos años de nuevo se formaban nuevos brotes, obtenían madera utilizable: se llamaban charadis.

El principal problema de esta forma de gestión era la construcción de cercados en la zona para evitar que se comieran nuevos brotes, lo que provocó numerosos enfrentamientos entre quienes pretendían explotar la madera y promover la ganadería. En consecuencia, surgió una nueva forma de gestionar los árboles: árboles trasmochos o cortos. Se cortaban a una altura de 2-3 m y como los nuevos brotes se desarrollaban por encima de esa altura, los ganaderos podían dejar los animales en el monte y a la vez explotar la madera. De esta manera se daba solución a muchas actuaciones, por lo que la gestión de los árboles se extendió a muchos pueblos. Por ello, en nuestros montes podemos disfrutar de numerosos bosques de árboles cortos o trasmochos.

¿Por qué son importantes?

Al igual que se protegen las antiguas figuras y edificios, ¿por qué no se deben proteger también estos árboles antiguos? Son restos de la historia y los últimos restos de una vida que está a punto de perderse. Los árboles situados en los valles bajos se utilizaban para la industria naval y los que quedaban lejos para formar carbón vegetal: los productores de árboles de corta porte que podemos encontrar en nuestras altas montañas fueron carboneros. En el monte pasaban días y días cuidando la txondorra. En la actualidad, sin esta actividad, este tipo de árboles están en peligro de extinción, tanto por la pérdida de los viejos como por la ausencia de nuevos. Pero además de ser los últimos vestigios de esta forma de vida, estos árboles también son zonas de alto valor ecológico.

Nuevos ramales de corta a lindero
txaradiak, Epping Forest, Inglaterra
(Foto: R. Arbelaitz)
El viejo árbol, además de su grueso tronco, tiene unas características muy raras en los árboles jóvenes: madera muerta en la copa, cursos de agua en el tronco... y, en general, este proceso de putrefacción es el que convierte al viejo árbol en un recurso tan rico que se convierte en un hábitat de gran biodiversidad.

El proceso de putrefacción lo inician los hongos y algunos invertebrados también ayudan. Se convierte así en el inicio de una larga cadena. A lo largo de este proceso se generan una gran variedad de microhábitats en los que conviven numerosos seres vivos especialistas como hongos, invertebrados y aves asociadas. Los orificios que se crean son utilizados por los animales para pasar el invierno o el verano (por ejemplo, los lirones) y para cazar (por ejemplo, las arañas). La base de este tipo de cadenas son los árboles viejos, que al ser un hábitat protege la flora y fauna asociada. En Suecia, por ejemplo, protegen una superficie de 3 ha, protegen 400 especies de la Lista Roja.

Por otro lado, la madera muerta se pudre y se convierte en materia orgánica, por lo que el árbol se "recicla" y, para volver al árbol, desarrolla raíces desde la parte superior del tronco hacia abajo.

Árbol cortado a 2-3 m de altura
árbol trasmocho o corto, Oiartzun, Gipuzkoa
(Foto: R. Arbelaitz)

¿Cómo gestionar estos árboles?

Los principales problemas que se pueden observar a la hora de gestionar estos árboles son su alta y elevada copa, y en algunos casos la competencia de los árboles jóvenes y la compactación del suelo. Los antiquísimos no enmascarados desarrollan grandes ramas que pierden el equilibrio. Por ello, un viento o una lluvia intensa puede derribar árboles o romper ramas. La única manera de hacer frente a este problema es retomar el árbol, con el objetivo de traer el centro de gravedad hacia abajo, para lo que es necesario ir reduciendo progresivamente la copa de arriba a abajo, de nuevo alrededor del tronco hasta conseguir el equilibrio. Estas cortas dependen del estado del árbol, y una vez logrado el equilibrio es necesario seguir con el disfraz.

Antes de comenzar con la reducción de la copa hay que observar qué hay alrededor del árbol que se va a trabajar. En nuestros montes, a menudo hay numerosos árboles trasmochados, y conviene realizar la reducción de la copa en grupos, ya que lo que se ha disfrazado puede quedar sin luz.

El viejo árbol es un hábitat que se convierte en el lugar de residencia y apoyo de un gran número de seres vivos raros; 1. Hongo ( Ganoderma pfeiferi ); 2. Líquen ( Lobaria pulmonaria ); 3. Arrabio ( Salamandra salamandra ); 4. Insecto ( Rosalia alpina ).
(Foto: 1-2-3-5. R. Arbelaitz; 4. A. Casís)
Con el trasmoche, además de equilibrar el árbol, se consigue su fortalecimiento (como ocurre con la poda de los manzanos) y se puede conseguir que dure más años que el árbol sin enrollar. En Burnham Beeches, por ejemplo, las hayas de gran gota tienen una edad máxima de hasta 250 años, mientras que algunas hayas que se disfrazan tienen unos 450 años. Como consecuencia del enmascarado se desarrollan más ramas en la parte superior del tronco, lo que permite que haya más canales para el flujo del sudor. Cuando el transporte de sudor se realiza por múltiples vías, es más difícil que la pudrición que provocan los hongos se extienda a todo el tronco, ya que cada vía de sudoración puede actuar como tronco independiente.

En algunos casos, el problema son las plantas jóvenes que se encuentran alrededor. Al ser árboles viejos, son muy sensibles a la competencia que pueden hacer los vecinos y la falta de luz puede matarlos fácilmente. En estos casos se eliminan todas las plantas jóvenes que rodean el viejo árbol mediante una especie de anillo. Sin embargo, se trata de un trabajo a realizar de forma gradual, ya que los rayos solares pueden quemar la superficie del árbol. Para evitarlo hay que realizar una limpieza gradual de la zona (haciendo unas pequeñas anillas alrededor del árbol) desde fuera hasta llegar al árbol.

El sistema radicular de estos árboles es también muy sensible y la excesiva compresión del terreno puede matar al árbol. Por ello, el sistema radicular debe protegerse mediante la colocación de cerramientos o la colocación de obstáculos alrededor del árbol.

Compartimentalización del tronco. Si en la parte superior del tronco hay muchas ramas, cada parte que no ha sufrido putrefacción puede actuar de forma independiente.
R. Arbelaitz

Nuevas generaciones de árboles viejos

Como ya se ha comentado, los árboles viejos son el hábitat de un gran número de patrimonios culturales y especies amenazadas que, para mantener sus poblaciones, necesitan de otros árboles con características propias de los árboles viejos. Además, muchas de estas especies no son capaces de recorrer largos caminos, por lo que para que la población continúe necesita de hábitats adecuados para ellos. Se ha visto que la vía más rápida para conseguirlo es el entramado de plantas jóvenes arbóreas, y para ello, al igual que hacían los carboneros, hay que seguir una serie de pasos: primero hay que collar el árbol joven y después introducirlo en un ciclo de disfrazado.

Sin embargo, hasta que los jóvenes árboles trasmochados lleguen a ser aptos para estas especies, pasarán muchos años y, para superar este salto intergeneracional, habría que intentar mantener vivos los viejos árboles existentes.

Reparto de árboles viejos en Europa y Euskal Herria

Antiguamente fue un solo árbol, pero hoy en día se comportan como dos árboles.
R. Arbelaitz
La idea de la conservación de los árboles viejos se ha extendido a toda Europa, pero no puede decirse que la distribución de este tipo de árboles sea amplia. Podemos encontrarlos en varias localidades con densidades muy diferentes: Noruega, Suecia, Alemania, Reino Unido, Francia... Estos árboles se cultivaron por diversas razones: para la madera, para utilizar las hojas como alimento de animales, para obtener frutos, etc. La mayoría de las zonas en las que aparecen estos árboles están integradas en la Red Natura 2000 en la mayoría de los países, mientras que esta idea acaba de llegar a Euskal Herria. Según los últimos datos, la mayoría de los robles trasmochados se encuentran en Inglaterra, pero la mayor densidad de haya trasmojada se da en Euskal Herria. La distribución de estos árboles en nuestro territorio es muy amplia y, en mayor o menor medida, podemos encontrarlos en cualquier lugar.

Sin embargo, las zonas de alta densidad de árboles viejos son más importantes que los árboles aislados, siempre desde el punto de vista animal y vegetal en peligro. La abundancia de árboles garantiza la existencia de numerosos rincones, los microorganismos que necesitan microhábitats específicos tienen más posibilidades de desarrollar poblaciones más sostenibles, un grupo de árboles da mayor protección ante los cambios que un aislado y un grupo de árboles aporta más información sobre el pasado que un solo árbol.

Por todo ello, tenemos la oportunidad de mirar con otros ojos a estos grupos de árboles viejos que tenemos en Euskal Herria. Tener una densidad tan alta nos permite aprender haciendo pruebas ante muchos países europeos.

En los dos primeros se encuentra el hayedo joven lepando (Miel Barriola, Leitza). En otras ocasiones se moja el haya (Patxi Astibia, Leitza).
(Foto: R. Arbelaitz)

Gracias, Iñaki y Arturo, por permitirnos entrar en este mundo.

Bibliografía
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Naturaleza de Oiartzun.
Mojón. Ayuntamiento de Oiartzun. 2000.
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Aragón, Álvaro.
El bosque guipuzcoano en la Edad Moderna: aprovechamiento, ordenamiento legal y conflictividad.
Sociedad de Ciencias Aranzadi. Donostia. 2001.
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Read, Helen.
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Read, H., Forfang, S.A., Marciau, R., Paltto, H., Andersson L. Tardy, B.
Tools for preserving woodland biodiversity. Textbook 2.
Naconex (Nature Conservation Experience Exchange). (eds.) 2001.
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www.ancient-trees.org.uk
Arbelaitz Ubegun, Estibaliz
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