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Los microorganismos no tienen moral

2016/09/19 Galarraga Aiestaran, Ana - Elhuyar Zientzia

Los microorganismos son amorales, no se distinguen entre buenos y malos. Esta afirmación puede ser llamativa para muchos, ya que últimamente está bastante extendido que las bacterias son beneficiosas, especialmente las que viven en el intestino. De hecho, muchos fabricantes de yogures se basan en ello, por ejemplo, para reivindicar que sus productos son beneficiosos.

Pero no siempre ha sido así. Antiguamente, las bacterias eran unos temibles enemigos que debían desaparecer a toda costa. Eran causa de enfermedad y de la muerte de millones de personas. Legenarra, gonorrea, peste negra, tétanos, tifus… eran sinónimos de bacterias.

Lo mismo ocurre todavía con los virus. Todos los virus se consideran malignos, no hay virus honestos o, si los hay, nosotros no lo conocemos.

Sin embargo, el periodista científico Ed Yong ha advertido en su último libro de que esta visión es errónea. Yong ha escrito sobre los microorganismos que viven en nosotros y ha afirmado que la cuestión no es tan simple. Los microorganismos no son propiamente malignos o honestos, es una cuestión de relación. La clave está en las relaciones que mantienen entre ellos y con el entorno, en función de la cual se produce el bien o daño. Y además, son muchos los factores que influyen en esta relación.

Como muestra de ello, Yong ha puesto como ejemplo la bacteria Helicobacter pylori. Esta bacteria vive sola en la especie humana y está muy bien adaptada a la zona estomacal. En 1982, dos investigadores, Marshall y Warren demostraron que era el principal impulsor de las úlceras de estómago y duodeno, y por este descubrimiento fueron galardonados en 2005 con el Premio Nobel de Medicina.

Se ha descubierto que esta misma bacteria la protege del cáncer de esófago. Por lo tanto, no se puede decir si H. pylori es sincero o malo, dependiendo del lugar en el que se encuentre y de las relaciones que tenga en él, será nocivo o beneficioso.

Otro ejemplo: Virus GBV-C. En un principio fue asociado a la hepatitis C. Sin embargo, luego vieron que no dañaba el hígado. Es más, infecta a los linfocitos de nuestro sistema inmunológico, lo que hace que el virus del sida no pueda infectar con tanta facilidad al linfocito, primer paso en el desarrollo del sida. ¿El presunto delincuente se ha convertido en el más honrado de todos?

En su libro, Yong habla no sólo de microorganismos sino también de parásitos y otros seres vivos más grandes. Y en todos demuestra que no tiene sentido repartirse entre los buenos y los malos.

Parece que una vez más se ha demostrado que el enfoque antropocéntrico nos lleva a comprender la realidad de forma errónea.

Publicado en el diario Berria.

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