Cuidado con los alimentos transgénicos antes que nada

1999/10/01 Groome, Helen Iturria: Elhuyar aldizkaria

Frente a las nuevas tecnologías, el agricultor necesita de una información técnica contrastada y útil para su entorno, un nuevo sistema de seguros que le proteja frente a los nuevos riesgos y conocer bien la opinión de su cliente principal, el consumidor.

En la aplicación de la ingeniería genética agrícola hasta la fecha sólo ha quedado claro uno de estos tres elementos: las acciones de todo tipo que se han llevado a cabo indican que los consumidores tienen grandes incertidumbres sobre los alimentos modificados genéticamente y exigen una etiqueta distintiva para evitar el riesgo de compra accidental. Esto debe hacer pensar a la población agraria, porque nuestra apuesta es por la calidad y depende del cliente de aquí.

Lo que realmente falta es información técnica contrastada y válida para los agricultores sobre los beneficios y riesgos de la ingeniería genética agrícola. Los resultados de las investigaciones han empezado a llegar poco a poco, pero falta saber quién está haciendo la investigación y quién paga para poner en valor los resultados. Mientras tanto, se vende maíz transgénico capaz de hacer frente a la taladrina a los agricultores que no lo tienen o se manipulan los datos de los resultados de las investigaciones que no convengan a las multinacionales, que son una muestra de los problemas éticos que se están produciendo en este momento. Estas actitudes han hecho desconfiar a la población agraria de estas nuevas tecnologías. Actualmente no existen datos válidos para ayudar a decidir el uso o no de transgénicos en el País Vasco.

Algunos datos a tener en cuenta a la hora de determinar quién o quiénes son los propietarios de riesgos de estas tecnologías. Por un lado, importantes grupos de seguros han subrayado la necesidad de diseñar nuevos sistemas de aseguramiento de plantas o alimentos genéticamente modificados; sin duda quieren pólizas más caras, pero que aún no están. Por otro lado, la nueva legislación europea sobre daños a los productos agrícolas deja claro que la responsabilidad es del agricultor o ganadero, siempre y cuando los consumidores sean capaces de aclarar la causa (en realidad es muy difícil). Así, las grandes empresas agroalimentarias, los promotores de la ingeniería genética agrícola, motivados por los beneficios como cualquier otra empresa, cuando hablan de ello se lavan las manos, se oponen al etiquetado de los productos y no permiten a los agricultores decidir sobre el uso o no de transgénicos y, lo que es peor, socializan cualquier impacto o riesgo de su tecnología. Todavía no han explicado cómo los pobres del mundo van a comprar sus alimentos para eliminar el hambre, porque según ellos parece que es el primer objetivo. En esta situación, está claro por qué el sindicato agrario, que tiene como objetivo defender a los agricultores (no olvidemos que son consumidores a la vez), exige tener cuidado.

Helen Groome EHNE