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Afasia, palabras perdidas en la cabeza

2011/10/01 Leturia Yurrita, Iñaki - Elhuyar Zientziaren Komunikazioa Iturria: Elhuyar aldizkaria

Ed. © iStockphoto.com/DEM10

San Sebastián, 6 años atrás. Josetxo disfrutaba de un día especial con su hijo mayor. A las siete de la tarde los dos entraron a tomar algo. Deslizó hacia el inodoro por las escaleras y dio un golpe en la cabeza. Se quedó inconsciente durante 10 minutos. Al recuperarse, la ambulancia fue trasladada al hospital por si sola. Dos horas después volvió a perder el conocimiento. No se despertó hasta 20 días. El golpe afectó al hemisferio izquierdo del cerebro de Josetxo. Al salir de la coma tenía dificultad para mover la mitad del cuerpo. Estuvo 3 meses sin levantarse de la cama. Pero no sólo eso, también perdió la capacidad de hablar. Diagnóstico, afasia.

Afasia significa eso en griego, ninguna palabra. Se produce al dañar el área cerebral que rige la competencia lingüística. La causa, como en el caso de Josetxo, puede ser un golpe, pero también un infarto o un ictus. Dependiendo de la magnitud y localización del daño, existen diferentes niveles y tipos de afasia. Desde la dificultad para encontrar palabras precisas hasta la imposibilidad absoluta de hablar. Otras veces falla la comprensión: pueden producirse problemas de procesamiento de lo escuchado y lo leído. O al revés, la persona afasia es capaz de entender, entender, pero no puede expresar lo que quiere comunicar.

Josetxo estuvo dos años sin palabras. "La impotencia, fuero... se siente frus-tra-ción... Es muy duro escucharlo todo y no decir nada; las ideas están muy claras en la cabeza, y tenía bien los recuerdos", comenta Josetxo. Todavía le cuesta encontrar palabras y tirar frases completas y en el orden adecuado. "Y la rabia", añade su vecina logopeda Nekane Galparsoro. Nekane es ahora capaz de comunicarse con palabras. En el centro de rehabilitación para personas con discapacidades neurológicas en el barrio del Antiguo de San Sebastián, Galparsoro trabaja con casos como el de Josetxo. Es un centro del Hospital Aita Menni. En la entrevista, Josetxo ha buscado el apoyo de la logopeda para ayudarle cuando no puede adivinar con alguna palabra. "Rabia, sí. Creen que somos picos porque no podemos hablar, y no es así", ha subrayado Josetxo. "Ha sido duro, pero ahora me arreglo".

Funciones y áreas cerebrales

Josetxo ha vuelto a aprender a hablar de la mano de la logopeda Nekane Galparsoro. Ed. Iñaki Leturia

Para comprender el tratamiento de los distintos tipos de afasia y de la propia afasia, la lateralidad es un concepto clave, es decir, la distribución espacial de las diferentes funciones en el cerebro, tanto en los hemisferios derecho como en cada hemisferio. En el caso de las competencias lingüísticas, en el hemisferio izquierdo hay dos zonas diferenciadas que se ocupan del procesamiento del lenguaje. Área sensible de Wernicke y área de Broca, motor. El área de Wernicke se encarga de descodificar lo escuchado, en general, de la comprensión, y el de Broca de crear palabras, de la expresión lingüística. El área de Broca está muy cerca de la parte básica que controla el movimiento, ya que para crear la palabra es necesario mover los músculos de la boca y la lengua, entre otros.

Para el desempeño de sus funciones, las zonas cerebrales y los hemisferios colaboran. En los experimentos se ha observado que si anestesiamos el hemisferio izquierdo la persona pierde la capacidad de hablar, pero si nos quedamos a la derecha, es posible tener una conversación. Sin embargo, el hemisferio derecho también participa en la comunicación verbal: es el responsable del tono, ritmo o fuerza del discurso, así como del ámbito emocional. Hay además otro detalle que hay que hacer. Esta distribución de funciones entre los hemisferios es habitual en el 99% de las personas derecha. La persona a la izquierda no es tan clara: la competencia lingüística se divide en dos hemisferios. Por ello, las izquierdas pueden tener afasia si dañan el hemisferio derecho.

La clasificación típica de la afasia se realiza en función de la porción cerebral en la que se ha producido el daño, tomando el nombre de la zona afectada y teniendo en cuenta sus características propias. Si la zona afectada es de Broca estaríamos ante una afasia expresiva, también conocida como afasia motora. El lenguaje pierde continuidad, es lento, casi telegráfico, y puede perder el orden gramatical de las frases. En los daños más graves, sólo se pueden decir unas pocas palabras y las afasias de Broca pueden provocar un silencio absoluto. La comprensión se mantiene.

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En las afasias de Wernicke lo más afectado es la comprensión. El paciente no pierde la capacidad de hablar, pero muchas veces el que dice no tiene sentido, aunque no se da cuenta del orador. Si el daño es muy generalizado y abarca tanto el área de Broca como la de Wernick, se pierden capacidades de comprensión y expresión: es una afasia general.

Para poner un apellido a la afasia de Josetxo, lo ideal sería el de Broca; más concretamente, tiene apraxia del lenguaje, dificultad para programar palabras. Tenía capacidad para crear palabras totalmente perdida, no comprensión. Galparsoro ha explicado los pormenores de la afasia de Josetxo: "Todas las palabras estaban ahí, el concepto o el significado estaba ahí y el vocabulario de las palabras que se asocian a cada concepto era completo. El problema era llegar a ese diccionario". Por tanto, el tratamiento debía encontrar la forma de llegar.

Chuleta. En un diccionario de imágenes que utilizan los niños, el recuerdo de las sesiones iniciales trae a Josetxo los dibujos de un bello trozo de carne. El concepto de chuleta en la cabeza, pero no se puede convertir en palabras, en sonidos. Para conseguirlo tuvo que empezar desde el principio, de alguna manera aprender a volver a hablar. Primero, letras y fonemas, luego sílabas, después palabras y, por último, frases sencillas. Ese ha sido el camino, pero con una pequeña ventaja: ya tenía todo el diccionario en mente. "A partir de la imagen le damos el concepto que queremos nombrar y tenemos que sacar la palabra. A medida que vamos completando el vocabulario, empezaremos a juntar palabras y a hacer frases, y poco a poco iremos expresando ideas", explica Galparsoro.

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L, S, I, N, A... nada más salir de la baraja, uno de los ejercicios de las sesiones iniciales fue decir la letra. Ahora le parece fácil, pero entonces tenía que hacer un esfuerzo enorme. El objetivo de la actividad es trabajar la programación de movimientos. Los que no tenemos problemas, sin darnos cuenta, utilizamos automáticamente los órganos que intervienen al hablar: la lengua, los pulmones, los labios. Josetxo ha tenido que aprender de nuevo cuándo y cómo expulsar el aire, dónde colocar la lengua, etc. hasta conseguir hacerlo de forma automática. Al inicio del tratamiento se realizaban ocho sesiones semanales. Ahora sólo hacen uno. "Soy una cabeza de cabeza, pero también soy Nekane! ", reconoce Josetxo.

Clave: plasticidad cerebral

Josetxo ha conseguido recuperar la competencia funcional lingüística: es capaz de expresar sus necesidades, de expresar lo que siente. ¿Qué ha sucedido en el cerebro de Josetxo durante los años de rehabilitación? La clave está en el concepto de plasticidad cerebral. "Llamamos plasticidad cerebral a la capacidad de adaptación o adaptación del sistema nervioso", afirma Eloi Nin, directora del servicio de rehabilitación del daño cerebral adquirido del Hospital Aita Menni. "Esta capacidad permite minimizar las consecuencias de la pérdida de una función, como el lenguaje, después del daño cerebral. El cerebro tiene la capacidad de cambiar tanto desde el punto de vista estructural como de reorganización funcional".

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Para recuperar las funciones se adaptan las conexiones entre neuronas, es decir, las sinapsis. Cuando el daño cerebral destruye las conexiones y sus capacidades, se activan nuevos enlaces alrededor para que cumplan la función perdida.

La asunción de esta responsabilidad por las neuronas de la zona tiene una razón. En los niños se ha observado que las zonas cerebrales lingüísticas son más amplias en edades tempranas. A medida que se desarrolla esta capacidad, esta función se va concretando y concentrando en las dos áreas mencionadas -Broca y Wernicke-. Sin embargo, este amplio espacio oculta esta capacidad y, si hay daño cerebral, pone en marcha la función original. De hecho, según el doctor Nin, algunas sinapsis son activas y otras están posadas en modo stand-by, estas últimas se activan para cumplir la función original.

Pero cuanto más consolidada es la competencia lingüística, más difícil es la reconversión. "La edad es un factor importante de recuperación", afirma Nin. "Cuanto más viejo es el cerebro, menor es la plasticidad". Además de la edad, la reorganización funcional y estructural se ve afectada por otros factores como la extensión del daño, su localización --peor pronóstico del área de Wernic-, o por la capacidad lingüística previa del paciente.

Eloi Nin, directora del servicio de rehabilitación del daño cerebral adquirido del Hospital Aita Menni. Ed. Iñaki Leturia

¿Cómo se produce la reestructuración? Para gestionar las sinapsis o conexiones, el cerebro dispone de sistemas inhibidores y excitantes que operan mediante sustancias neurotransmisoras. Un neurotransmisor puede estimular la neurona adyacente e impulsar su respuesta, o romper su relación con ella, inhibir la comunicación. El principal sistema inhibidor del cerebro es el denominado GABA, que trabaja a través del neurotransmisor ácido gamma-aminobutírico. Pues bien, cuando hay un daño, el propio cerebro reduce la influencia de este neurotransmisor para permitir nuevas conexiones, es decir, favorecer la plasticidad. La rehabilitación aprovecha esta oportunidad e impulsa nuevas conexiones para recuperar las funciones perdidas. Con el tiempo se refuerza el sistema inhibidor, por lo que es importante iniciar la rehabilitación lo antes posible.

El tratamiento de las afasias fomenta nuevas conexiones. La rehabilitación y la plasticidad se unen en el cerebro de Josetxo para recuperar la palabra. Sin embargo, en todos los casos no es posible. "Entonces hay que utilizar sistemas alternativos de comunicación", dice la logopeda Nekane Galparsoro. "Los ordenadores, por ejemplo, y si no pueden usarlos, folletos con imágenes. Se trata de comunicar". Nekane nos presenta un grupo que se comunica por ordenador. Todas están en silla de ruedas. El sintetizador de voz transforma lo que escriben en el teclado en sonido, lo que puede ser una conversación más lenta pero normal. Antes de despedirnos uno escribe en la pantalla: "Esto es lo que más me asusta: que la gente piense que somos los picos".

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