Emergencia meteorológica: 50 años después, ¿qué?

2022/11/11 Irakulis Loitxate, Itziar - IIAMAValentziako Unibertsitate Politeknikoa Iturria: Elhuyar aldizkaria

Ed. Ag_event

Cuando hablamos de emergencia meteorológica y de gases de efecto invernadero, el primer gas que se nos ocurre es el dióxido de carbono (CO2). Es, sin duda, el más conocido y el más abundante en la atmósfera. Sin embargo, hay otro gas que hasta hace muy poco ha permanecido prácticamente oculto: el metano (CH4).

El metano es el principal componente de los gases naturales tan deseados en este momento, pero también es responsable del 25% del calentamiento global que estamos viviendo. Es el segundo gas de efecto invernadero de origen humano más importante y tiene una potencia global de calentamiento alrededor de 80 veces superior a la del CO2 en 20 años desde su emisión a la atmósfera. Sin embargo, este gas tiene una vida atmosférica relativamente corta, de unos diez años. Por estas características, se ha comprobado que la reducción de las emisiones de metano será, a corto y medio plazo, una de las claves para calmar el calentamiento de la Tierra. Las investigaciones demuestran que, si no se reducen drásticamente las emisiones de metano, será absolutamente imposible alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, por lo que, en todo caso, se espera un futuro realmente crítico.

¿El ser humano es responsable de los derrames de metano?Este
gas posee diversas fuentes, tanto naturales como de actividad humana. Los vertidos naturales (producidos por humedales, actividades de diversos organismos vivos o actividades geológicas) forman parte del ciclo del carbono y son compensados, en general, por la propia naturaleza, mediante el secuestro de la cantidad de gas expulsada en los rejones de almacenamiento. Por el contrario, las emisiones asociadas a las actividades humanas no se compensan con tanta facilidad, ya que en muy poco tiempo estamos emitiendo ingentes cantidades de gases, muy lejos de las proporciones que pueden manejar los sumideros naturales.

Un estudio del año 2020 estimó que cerca del 60% del total de metano emitidos a la atmósfera en el periodo 2008-2017 procedía de actividades humanas, principalmente ganadería (31%), producción de arroz (8%), cadena de suministro de petróleo y gas (26%), minería del carbón (11%), vertederos (14%) y tratamiento de aguas residuales (6%). Sin embargo, el metano, como gas invisible e inodoro, está lleno de incógnitas y todavía no está claro cuál es la proporción de emisiones que corresponde a cada sector con respecto al total.

Afortunadamente, a partir de 2020 se ha avanzado mucho en la ciencia relacionada con esta materia, y cada vez es más evidente que los métodos de estimación de las emisiones que hasta ahora se venían utilizando son imprecisos, en beneficio de algunos sectores, y la necesidad urgente de actualizar los inventarios oficiales con nuevos métodos.

A modo de ejemplo, según los datos publicados por el Consejo Internacional de la Energía en su último informe, las emisiones reales del sector energético son al menos un 70% superiores a las que figuran en los inventarios oficiales.

¿Cómo es el cambio de datos de uno a uno?Esta transformación de los datos se debe, por un lado, a un aumento considerable de la concienciación hacia el problema y a la voluntad social de
unos datos más claros y transparentes y, por otro, al rápido desarrollo de las nuevas tecnologías. Entre estos últimos, cabe destacar que los satélites de alta resolución ofrecen cada vez más y mejores datos.

La observación satelitaria del metano no es nueva, ya teníamos datos mundiales desde el 2003, pero hasta hace poco estos datos eran de baja resolución. Es decir, cada píxel de la figura cubría una gran superficie del planeta Tierra, señalando los países o regiones con mayores concentraciones de metano, pero no existía la posibilidad de encontrar una fuente exacta.

Esto comenzó a cambiar sustancialmente en 2020, cuando los primeros satélites públicos de alta resolución capaces de detectar metano empezaron a dar datos.

Desde entonces, los métodos de detección de este gas han cambiado mucho. Las sinergias entre satélites han permitido una mejor utilización de los sensores de baja resolución para obtener información más útil. Y se ha comprobado que otros satélites que funcionaban desde hace muchos años podrían ser capaces de detectar metano.

El estallido de datos
a la luz de las emisiones nos ha arrebatado de los ojos a los científicos y a muchos políticos: desde hace dos años han comenzado a salir a la luz miles de vertidos que no existían para la sociedad.

Por ejemplo, ahora sabemos que en las zonas terrestres se producen al menos 3-4 ultraemisiones diarias de más de 25 toneladas por hora de metano. Son enormes emisiones de corta duración, la mayoría asociadas a actividades relacionadas con el gas y el petróleo, que hasta ahora no se registraban en ningún sitio.

También se ha hecho pública la existencia de decenas de plantas de extracción de petróleo (probablemente cientos) que están expulsando constantemente más de 1.000 kg/h de metano al aire.

A modo de anécdota, en nuestro equipo de investigación se trataba de probar una técnica de detección de fugas de plataformas marinas, mucho más compleja en el mar que en la superficie terrestre, debido a las propiedades del agua, solicitando una imagen de satélite privado, en el entorno de México, capaz de aplicar la técnica. Hasta el momento, los únicos datos de vertidos de las plataformas marinas eran los proporcionados por los propios trabajadores y, en general, se consideraba cierto que presentaban vertidos más bajos que las instalaciones terrestres. Por eso, no esperábamos encontrar nada extra en esta imagen, pero, mira, en la primera imagen que conseguimos encontramos un derrame de metano de 92.000 kg/h.

Gracias a los datos de otros satélites públicos supimos que esa emisión formó parte de un evento de ultraemisiones que duró 17 días. Y, una vez recogidos todos los datos, se pudo estimar que en esos 17 días se emitieron a la atmósfera 40.000 toneladas de metano.

Como referencia, México estima oficialmente que vierte 44.000 toneladas anuales de metano de las instalaciones marítimas. Es decir, sólo este hecho provocaría la práctica totalidad de las estimaciones anuales de los mismos, y sabemos que desde entonces han tenido otras ultraemisiones.

Ahora, el Gobierno mexicano ha previsto medidas drásticas para sancionar a la empresa y resolver de una vez por todas los problemas que se están produciendo en la plataforma. Recientemente estas medidas eran inimaginables.

¿Y entonces qué pasa en el futuro?
Esta tecnología es tan nueva que todavía está casi todo por investigar. Los ejemplos arriba indicados son sólo el principio.

En los próximos años se pondrán en órbita mejores satélites creados específicamente para la detección de metano y otros gases de efecto invernadero (los actualmente en funcionamiento son capaces de ver emisiones de metano muy elevadas, pero no se construyeron con este fin), lo que nos permitirá localizar miles de fuentes desconocidas hoy en día. El conocimiento de fuentes concretas de metano de origen humano permitirá aplicar medidas eficaces de corte de las emisiones y clarificar la proporción real de emisiones que corresponde a cada sector.

En este estado de emergencia meteorológica, el clima ofrece una alternativa que no podemos permitir el paso de la identificación y reparación de fuentes de metano. Se estima que una reducción del 40-45% de las emisiones de metano asociadas a los combustibles fósiles evitaría un aumento de casi 0,3 °C en 2045, y complementaría los esfuerzos de aligeramiento del cambio climático a largo plazo.

Para hacer realidad estos recortes, las Naciones Unidas han puesto en marcha el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO, por sus siglas en inglés). Uno de los objetivos de este proyecto es unir a los países de todo el mundo al acuerdo Global Methane Pledge, que ya ha firmado más de 120 países que representan el 70% de la economía mundial, que establece un compromiso de reducción de las emisiones de metano, así como poner en marcha proyectos para identificar y detener el mayor número posible de fuentes de metano a nivel mundial, entre ellos un proyecto de generación de alertas de emisiones por satélite. El objetivo final es detener todos los vertidos de origen humano que puedan evitarse.

Si se alcanzaran los objetivos del programa IMEO de forma eficiente y al mismo tiempo se lograra una fuerte transición hacia las energías renovables, me gustaría decir que dentro de 50 años mi área de investigación estaría en peligro de perderse ya que no sería necesario detectar emisiones de metano de origen humano.

Sin embargo, al igual que la observación satelitaria es casi infinita, los problemas e incógnitas que existen y se producirán en el planeta Tierra probablemente seguirán siendo ilimitados, por lo que estoy seguro de que todavía queda un tiempo de trabajo.