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Vaquería

2004/04/01 Lorenzo, Arantza | Uranga, Ane Miren Iturria: Elhuyar aldizkaria

La enfermedad o patología denominada Bigorexia fue diagnosticada por primera vez en 1993 por la estadounidense Harrison G. Pope psiquiatras en la Facultad de Medicina de Harvard. El cuerpo de la persona que sufre esta enfermedad es sobre todo músculo. Normalmente, el paciente se ve muy delgado y el cuerpo musculoso se convierte en obsesión y objetivo principal.
La persona con vaquería, si un día se queda sin ir al gimnasio, sufre ansiedad.

Para estar cada vez más musculado y poder mantenerlo, utiliza diferentes medios. En el gimnasio dedica muchas horas a diario hasta convertirse en su segunda casa. Practica deporte de forma obsesiva y compulsiva. Desgraciadamente, en este caso el objetivo del deporte no es estar más sano, sino tener cada vez más músculo. Si un día se queda sin ir al gimnasio sufre ansiedad, ya que piensa que esto le provocará una pérdida de volumen muscular.

En cuanto a la alimentación, quien padece vesorexia aumenta considerablemente la cantidad de proteínas de la dieta y disminuye las grasas. Come muchas claras de huevo cocido —puede comer hasta 20 claras de huevo al día—, carnes y pescados con menos grasa, preparados con la menor cantidad de grasa posible, y lácteos desnatados (leche, yogures, queso fresco...). El objetivo es conseguir un cuerpo cada vez más musculado y fuerte.

Además de una dieta desequilibrada, toma esteroides y anabolizantes para aumentar la producción de la masa muscular, con consecuencias muy perjudiciales: aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, provocan trastornos hepáticos, reducen el tamaño de los testículos, generan problemas de erección y aumentan el riesgo de cáncer de próstata.

A pesar de todas estas medidas y de que la gente tiene demasiados músculos a sus ojos, quien tiene vesículas no se da cuenta y nunca se ve bastante musculado. Está claro, por tanto, como en otros trastornos de la alimentación, que la anorexia y la bulimia, por ejemplo, son problemas relacionados con la imagen corporal. Uno de los agentes es el patrón de las imágenes corporales que la sociedad impone de una manera u otra.

Esta enfermedad es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres y se ha extendido sobre todo entre quienes practican el culturismo, lo que no significa que todos los que practican este deporte estén enfermos. Según los estudios, el 10% de las personas que asiduamente acuden al gimnasio sufre problemas de vaquería. En España existen aproximadamente 700.000 casos.

Esta enfermedad es más frecuente en hombres que en mujeres y se ha extendido sobre todo entre quienes practican culturismo.

Las características psicológicas de la persona con blanorexia son muy similares a las de otros trastornos alimenticios: baja autoestima, carácter cerrado, falta de madurez, problemas de integración social, ansiedad, depresión... Además, convierte la vida en un ritual: organiza qué comer y qué ejercicio hacer a lo largo del día, se pesa muy a menudo, mira constantemente al espejo para comprobar cuántos músculos ha ganado o perdido...

La bigorexia, además de sus consecuencias psicológicas, tiene numerosas consecuencias físicas y estéticas: las consecuencias de los anabolizantes antes mencionados, la desproporción entre cuerpo y cabeza; los problemas óseos y articulares por exceso de peso; la falta de ligereza, los músculos y tendones más cortos...

Además, al desequilibrarse la dieta, el hígado y el riñón tienen que hacer un trabajo enorme para poder eliminar los restos de proteínas, y tienen problemas y daños en ambos órganos.

El tratamiento más importante es el psicológico. Hay que aumentar la autoestima de esa persona y enseñar a aceptar y amar su cuerpo como es. Por otro lado, y junto con el tratamiento psicológico, es muy necesaria la educación alimentaria para saber cuál es la dieta equilibrada y sentar las bases para poder hacerlo.

Ortorexia

La ortorexia es otra enfermedad de base psicológica y relacionada con la alimentación: obsesión patológica por alimentos saludables. El médico estadounidense Steve Bratman utilizó por primera vez la palabra ortorexia en 1996 para diagnosticar la confusión que sufría.

Querer comer sano es justo y muy apropiado. Pero cuando esta idea se convierte en obsesión, puede ser tan perjudicial como cualquier abuso o restricción.

La persona que sufre esta confusión come, come, pero controla la dieta de una manera muy estricta y se niega al placer de comer. Analiza la cantidad de kilocalorías y alimentos, así como la calidad y preparación de los alimentos. Normalmente rechaza carnes, grasas, ciertos lácteos, alimentos envasados, azúcar, harina, precocinados, refrescos, cafeína y cualquier sustancia artificial. En su dieta predominan alimentos biológicos, productos dietéticos, integrales y sin grasa, y se come mayoritariamente crudo o cocido. Debe conocer el origen de los alimentos y no contener ningún aditivo, sino lo rechaza.

Quien tiene ortorexia come en su mayoría crudo o cocido.

La ortorexia no puede comer a quien no controla, por lo que no es capaz de participar en los compromisos o celebraciones que genera la vida social normal. Por ello, reduce considerablemente la vida social y familiar. Es una persona muy exigente, obsesiva y muy estrecha y dura consigo misma.

Este radicalismo alimentario puede acarrear además graves problemas de salud. Y es que en muchas ocasiones, en este control y rigor, no se satisfacen las necesidades de calorías y vitaminas mínimas. La mayoría están muy delgados y presentan anemia, desnutrición o osteoporosis, depresión, ciertas enfermedades psicológicas y aislamiento social.

Al tratarse de una mezcla muy nueva, el tratamiento no está totalmente definido. Pero, como en otros trastornos alimenticios, la terapia principal es la psicológica y, a la vez, la educación nutricional. Según la Organización Mundial de la Salud, la alimentación sana es aquella que garantiza la salud física, psicológica y social de una persona. Si uno de estos factores se ve afectado por la alimentación, entonces la alimentación no es saludable.

Así pues, recordad que, como en todos los ámbitos, el equilibrio es muy importante en la alimentación, tanto nutricional como social y psicológica. Es importante comer todos los días lo más sano posible y darle importancia a la alimentación, pero no olvides que de vez en cuando es conveniente hacer un plan para dejar de lado esa costumbre y ir a la sidrería o a cualquier otro restaurante.

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