Aterrorizados en el océano pacífico

1990/09/01 Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

Los habitantes de las islas dispersas por el Pacífico están aterrorizados por el calentamiento global de la Tierra. Este calentamiento provocaría el deshielo de los polos. Por lo tanto, podrían subir el nivel del mar y quedar inundadas las tierras costeras.

Sin embargo, a la hora de determinar la velocidad de subida y la subida del nivel del mar, los expertos no coinciden. En las islas del Océano Pacífico, los dos datos citados (a cuánto y a qué velocidad) los consideran muy importantes. Algunos aseguran que el nivel del mar subirá 4 metros, lo que significa que Marshall, Tuvalu y Kiribati y muchas islas de Polinesia desaparecerían por completo. Si algo quedara sobre el agua, cada vez que hubiera tormenta las ondas ocuparían todo debajo.

Según los habitantes del Océano Pacífico, las consecuencias de los excesos realizados en el Hemisferio Norte durante tres siglos con combustibles fósiles son las mismas, ya que sus habitantes nunca han dañado su medio ambiente. Por ello, los arrecifes de coral y las manglares pueden ofrecer remedio contra la subida del nivel del mar. Durante miles de años, los arrecifes coralinos han sabido adaptarse al cambio del nivel del mar y han sobrevivido a pesar del hundimiento de la isla volcánica en la que se basaban. En la mangledia, un bosque de árboles llamados mangle, las raíces de los árboles se encuentran bajo el agua o sobre el agua según la marea. El mangle es capaz de ascender rápidamente mediante la fijación de los sedimentos. Además es la protección perfecta que rompe las ondas en las tormentas.

Sin hacer caso a las recomendaciones de los biólogos, el ataque a estas protecciones naturales ha sido constante. Nuevas playas turísticas, apertura de zanjas, construcción de puertos, vertidos de productos tóxicos, industrias, acumulación de basuras, etc. Todo ello ha perjudicado a los arrecifes de coral y a las manglares. Los manglares, por ejemplo, se han arrojado en las proximidades de las ciudades con la excusa de que recogían.

Sería bueno, pues, intentar salvar a los madreporas y manglares y, con la ayuda de los biólogos, intentar resucitar a los que han desaparecido.