Eneko Axpe Iza NASAko ikertzailea

“Sin creatividad no puedes ser un gran científico”

2020/03/01 Agirre Ruiz de Arkaute, Aitziber - Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

Eneko Axpe Iza (Barakaldo, 1986) es uno de los raperos más populares del euskera en Euskal Herria, y lejos de aquí, el físico de la NASA en Silicon Valley. Prueba de ello son sus dos regalos: su último vinilo y un trozo de roca de la Luna. Artemis trabaja dentro del programa estadounidense que quiere enviar a los humanos a la Luna y a Marte. Ha desarrollado un modelo matemático utilizado para predecir la pérdida de densidad de los huesos de los astronautas. Pero más allá de la investigación en el espacio, Axpe salpicaría todo con la física: cocina, música… Hibridación le gusta.
Ed. Luis Jauregialtzo/©Argazki press
Eres físico de la NASA y has trabajado en ingeniería textil, colaborando también con cocineros vascos… ¿Por dónde?

Bueno, de hecho, empecé a investigar en Leioa en física de materiales. Trabajaba con una técnica de positrones. Pero en un momento, quise probar con células aquella técnica que hasta entonces se utilizaba para polímeros y metales. Pensé que podía ser útil para comprender el progreso del cáncer y sus propiedades estructurales. Para ello tenía que comprender muy bien las propiedades estructurales de la materia biológica y hice dos estancias en Oxford.

También estudié cultivos celulares tridimensionales. Se trataba de formar huesos a pacientes que han roto algún hueso: coger células, de ellas crear estructuras tridimensionales e integrarlas en el hueso. Para ello es imprescindible que las propiedades estructurales y mecánicas de esta estructura sean las mismas que las del hueso para que los alimentos y el oxígeno se extiendan bien. Yo como físico entendía muy bien estas propiedades físicas del cultivo.

Luego fui a Cambridge para profundizar en la ingeniería textil y empecé a utilizar bioimpresoras 3D. En Europa, ahora mismo, hay 46.000 personas esperando trasplantes. Dos de cada diez mueren esperando. Cuatro de cada diez, antes de cinco años después del implante. La creación de órganos en el laboratorio a partir de células de personas que necesitan un trasplante puede suponer un ahorro en el tiempo de espera y evitar el rechazo.

Y ¿cómo llegó a la NASA?

Conocía muy bien los huesos. Investigábamos embriones para comprender cómo se produce el hueso. Y estaban muy interesados en la NASA, porque habían empezado a diseñar misiones para ir a Marte. Estaban realmente preocupados por los huesos de los astronautas.

De hecho, la salud de los astronautas se ve seriamente afectada en el espacio. Nuestro cuerpo está diseñado para estar en la Tierra. Fuera de la Tierra recibimos radiación cósmica, partículas solares y protones que provocan muchas mutaciones. La microgravedad también plantea problemas: se modifica la presión arterial y se producen problemas cardiacos, se modifica el líquido que hay en el cerebro y se pierde densidad en los huesos y se crean poros. Vuelven con osteopenia y osteoporosis. No pueden circular.

¿Qué van a hacer al Martes? Viajar hasta Marte y volver tardan tres años. Una vez allí estarán lentos y débiles, no podrán caminar durante varios días. Esto puede poner en peligro la misión. Es un problema a prever para la NASA.

En concreto, ¿qué les pasa a los huesos?

En los huesos tenemos osteoblastos y osteoclastos, ya que al igual que en el resto de órganos, los huesos deben ser renovados continuamente: los osteoclastos comen el hueso, se reabsorben, los osteoblastos crean el nuevo hueso. Hay un equilibrio.

Los osteoblastos presentan mecanosensibilidad. Por cada paso que damos al caminar reciben un input mecánico: al ver que el hueso se está usando, entienden que tienen que formar el hueso. En el espacio, sin embargo, por microgravedad no podemos caminar ni reciben ese input. Los osteoblastos dejan de formar el hueso y los osteoclastos siguen comiendo el hueso, rompiendo el equilibrio y formando poros como en la menopausia.

¿Qué trabajo haces en la NASA?

Cuando llegué a la NASA creían que cada mes los astronautas perdían el 1% de la densidad mineral ósea, analizando las estadísticas. Pero me di cuenta de que estas previsiones sólo servían para los viajes cortos de los astronautas, como una misión a la Luna. Estos datos no podían extrapolarse para un largo viaje a Marte y me pidieron que desarrollara un nuevo modelo matemático. Hablando con un médico de Stanford me dijo que muchos pacientes en coma sufren el mismo problema. Sin este input mecánico, pierden densidad mineral en los huesos y desarrollan la osteoporosis. Sin embargo, pierden un 31% como máximo, luego se estabiliza. Así, elaboré un modelo mezclando datos de la NASA con datos de pacientes en coma. Lo presentamos en Houston, en la conferencia Human Research Program de la NASA y la NASA me otorgó un premio.

Por otro lado, también trabajo con hidrogeles en la Universidad de Stanford. Los usábamos en ingeniería textil y me di cuenta de que los hidrogeles inyectables podían ser utilizados para tratar los huesos rotos, como un adhesivo. Esto podría servir para solucionar las fracturas óseas de los astronautas. También envié esta idea a un campeonato de la NASA y llegué a la final.

Todavía hay que hacer un montón de investigaciones para enviar a la gente a Marte en la década de 2040, desde el punto de vista psicológico, hasta alimentarse (utilizando hidroponía y aeroponía) y mantener la salud. Vivir en naves espaciales es difícil. Todo se recicla y la orina de los astronautas. Una máquina recoge el sudor y la orina de los astronautas, la purifica y extrae agua limpia, que se utiliza para beber. NASA investiga para llegar a Marte. La Agencia Espacial China está muy fuerte y la NASA quiere llegar a la altura de los chinos, sí o sí.

Para qué tenemos que ir los humanos a Marte?

Veo dos motivos: por un lado, porque en Marte puede haber vida o pudo haber estado en el pasado. Se ha encontrado agua, por lo que las posibilidades van creciendo. Quizá nosotros fuimos de alguna huella de vida del universo, de una bacteria. Esta es la pregunta a resolver.

Por otro lado, supongamos que se enciende una guerra nuclear. O imagínate que a la Tierra llega un asteroide y nuestro planeta va a pique. ¿Qué vamos a hacer, dejar que se destruya la humanidad? Ahí mi pregunta. Los dinosaurios desaparecieron, ¿por qué no vamos a desaparecer?

Nuestra segunda mejor casa es Marte. Mira, quizás necesitaremos un siglo, pero los humanos vamos a poner una plataforma estable en Marte, estoy seguro. Ya hay robots trabajando. Marte es el único planeta del Universo habitado exclusivamente por robots. Haciendo fotos, tomando rocas, grabando sonidos…

Pero ¿habéis reflexionado alguna vez sobre la evolución del ser humano si viviera mucho tiempo en Marte?

Mira, qué interesante! ¿Cómo evolucionaría nuestro cuerpo en esas condiciones? La pregunta es muy buena, pero diría que no se ha hecho ese ejercicio. Siendo la gravedad de Marte un tercio de la de aquí, nuestros huesos serían muy débiles. También cambiaría el tamaño del corazón. Deberíamos protegernos constantemente de los rayos cósmicos para evitar mutaciones en nuestro cuerpo. Y como en su atmósfera no podemos respirar, necesitamos dispositivos artificiales. Todo ello afectaría a nuestro cuerpo.

En el Departamento de Astrobiología de la NASA todavía no han encontrado vida fuera de la Tierra, pero no paran de buscar e imaginar cómo sería. Deberíamos tener en cuenta estos datos para ver cómo evolucionaríamos nosotros fuera de la Tierra. Hay una cosa clara: hemos llegado a ser como nosotros en unas condiciones muy concretas, en nuestro pequeño planeta. Nuestro aspecto y fisiología no podrían mantenerse en otras condiciones.

Más allá del interés científico, ¿hay otros intereses de Marte?

Mi opinión es sinceramente que en la sociedad hay tres tipos de poderes; militar, económico y soft power, poder blando. En esta última, EE.UU se ha impuesto con diferencia. La mayoría de las películas de cine que vemos son estadounidenses, no chinas. ¿Qué aprenden los niños? Inglés, no chino. ¿Cómo va la gente por la calle? Como en EEUU. La primera vez que viajas a Estados Unidos, parece que ya estás allí, que también forma parte de ti. Por el contrario, si vas a Pekín, te sientes un gran choque cultural. Ese es el soft power. Las carreras espaciales EEUU se pusieron en boca de todos cuando enviaron a la Luna a la primera persona. Ahora el objetivo es Marte. Pero Asia está muy fuerte.

Has tenido la oportunidad de conocer los sistemas científicos europeos y estadounidenses. ¿Qué diferencias observas entre ellas?

El modelo anglosajón es muy diferente al nuestro desde la financiación. Las empresas que hacen dinero devuelven dinero a la universidad. Nosotros no tenemos mecenazgo aquí y creo que habría que cambiar esa cultura. La dotación económica de sus universidades es de otra magnitud.

Por otro lado, existe un gran apoyo multidisciplinar para trabajar conjuntamente. Yo soy físico, pero he tenido que aprender biología, medicina… He trabajado con gente de todas las disciplinas. Y eso es lo más bonito: introducir la física en la medicina, introducir la cuántica en la biología, física en la cocina… Lo que actualmente no está trabajando dentro de un equipo multidisciplinar, está completamente retrasado.

En EEUU, además, hay científicos que son estrellas. Aquí, ¿la gente conoce a los científicos? Etxenike, quizás, pero ¿quién conoce Arkaitz Carracedo? Nadie. Allí, los jóvenes científicos son famosos, las estrellas. Convierten la ciencia en Hollywood. Nosotros le damos un nivel muy elevado porque somos así, pero los jóvenes no se atraen así. En Euskal Herria la ciencia es aburrida.

¿Ves desventajas para el sistema científico local?

Sí, claro. La educación no es gratuita. Yo fui a la escuela pública de Barakaldo y he tenido becas durante toda mi vida. Si en lugar de nacer en Barakaldo (País Vasco), hubiera nacido en un Barakaldo de EEUU, no habría podido estudiar. No llegaría a donde he llegado. Desde aquí quiero agradecer la oportunidad que me ha brindado, porque no es sólo el resultado del esfuerzo de la persona, sino también de la sociedad.

Ahora, en EE.UU., han empezado a apoyar a colectivos desfavorecidos (latinos, negros, etc.). Tienen alguna beca. ¡Porque se han dado cuenta de que no saben a quién puede estar la idea de conseguir una vacuna contra el cáncer! Quizás en un barrio pobre de Otxarkoaga se encuentra el que tiene capacidad para ello. No podemos dejar que se pierda esa capacidad.

Se sabe que como músico utiliza la creatividad, pero ¿tiene la oportunidad de expresarse en ciencia?

Sí, claro. En EEUU se potencia mucho la creatividad. Puedes tocar cualquier puerta diciendo “tengo una idea” y te abren la puerta. Aquí, sin embargo, tengo una idea” si dices, te responden para volver mañana. No estamos dispuestos a cambiar las cosas. Allí sí. Son muy dinámicos, muy estáticos aquí.

¿Recuerdas algún momento de inspiración en la ciencia?

Sí. Cuando empecé a hacer la tesis, era sólo la ciencia de los materiales: metales, polímeros, etc. Pero un día me hizo un clic en el fondo; vi claramente que la técnica de los positrones que utilizaba podía ser aplicada también en una célula. Emocionado, llamé a un amigo biólogo, amigo Ainara Castellanos Rubio, que estaba de juerga. ¡Tuvimos la entrevista más importante de mi vida! Le dije, medio en broma: “Acabaré con mis positrones. ¿Qué tamaño tiene una célula? ¿Qué pasaría…?”. No he dormido esa noche. Pasé leyendo artículos científicos. “Sí, es aplicable,…”, en mente, y esta idea se convirtió en mi primer artículo científico.

¿Crees que dentro de la ciencia se valora bastante la creatividad?

La creatividad es necesaria para dar pasos reales en la ciencia. Puedes ser un buen científico sin creatividad, pero nunca brillante. La gente tiene ideas, pero hay que fomentar la creatividad desde arriba. Es imprescindible que los profesores y directores de tesis de la universidad fomenten la creatividad de sus alumnos.

Y hay otra cosa: las mejores ideas se explican trabajando muchas disciplinas juntos. Ese amigo era biólogo, yo era físico. Sería imposible realizar esta aportación en una sola disciplina.

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