“La defensa de las lenguas minorizadas es un potente instrumento para la sostenibilidad del planeta”

2021/04/22 Pascual García de Azilu, Unai - Klima eta Natur Ingurunea / Basque Centre for Climate Change Iturria: Elhuyar aldizkaria

Uno de los grandes retos de nuestra sociedad en la actualidad es decidir a través de qué estrategia abordaremos esta grave pérdida de biodiversidad. Unai Pascual García de Azilu, economista ambiental de Ikerbasque y BC3, es partidario de introducir variables que se alejen de las visiones tradicionales, como el fomento de la adhesión al euskera y a otras lenguas minorizadas o el reconocimiento de los valores de las comunidades indígenas.
Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

Estáis trabajando mucho en el estudio de los valores de la naturaleza y en su integración en el centro del debate científico. Distinguís valores instrumentales, intrínsecos y de relación, ¿no?

Sí, hace unos años iniciamos esta reflexión en un grupo internacional. De hecho, veíamos que en la ciencia de la sostenibilidad y en las políticas de alto nivel se produce una continua dicotomía al hablar del valor de la naturaleza: por un lado, un discurso muy instrumentalista que habla de los recursos que la naturaleza genera para la sociedad o para las personas, pasando por el filtro de la economía (que puede crear puestos de trabajo, promover el turismo…). Cuando hablamos del verde de la economía, por ejemplo. Muy relacionada con la visión occidental y siempre con una instrumentalización muy violenta. Y por otro lado, lo que viene de la biología y lo que hace hincapié en el valor intrínseco de la naturaleza, más allá de los recursos que nos podemos proporcionar.A veces, de la mano de una gran sensación de responsabilidad en el cuidado de la naturaleza. Y entre ambos hay un choque permanente, se producen los conflícticos.

En Euskal Herria tenemos muchos ejemplos. Se abre el periódico y a diario hay varios conflictos locales: ahora está Bolintxu el proyecto de conexión de la Supersur con la AP-68 en Bilbao. Pero ha habido muchos conflictos: El embalse de Itoiz, la autovía del Leitzaran, el TAV… Vemos un continuo choque social y creemos que hay otro tipo de valor necesario para entender y superar esta cuestión: las relaciones emocionales con la naturaleza. Son valores de relación que pueden ser diferentes para cada persona. Un bosque puede tener un gran valor emocional para un grupo humano. Debemos entender y mapear estas relaciones para ponerlas en la agenda. No son abstractos, nos afectan mucho. A la hora de tomar decisiones, más allá de la instrumentalización y el biocentrismo, son una variable a introducir en la ecuación. Pero para ello debemos ponerle un nombre.

También habéis relacionado estas relaciones con el idioma. ¿Por qué?

Los valores relacionales tienen mucho que ver con nuestra identidad. Y esa identidad se alimenta de cosas: los vascos tenemos una estrecha relación con nuestro paisaje y con el euskera, son parte de nuestra identidad. El euskera nos hace, la naturaleza nos hace… Y queríamos saber si esa relación emocional con el euskera tiene algo que ver con nuestra percepción de la naturaleza y, por tanto, con los valores que le atribuimos a la naturaleza, entre ellos los valores instrumentales, intrínsecos y sobre todo los relacionales.

Un inuit percibe de su cultura —­ (de sus propios ojos culturales) y da un sentido a esa realidad. Le da una forma de entender la naturaleza y la vida. Le da una forma de entender la naturaleza y la vida. La cultura y el lenguaje nos dan las claves (o una gramática) para percibir e interpretar esa realidad.

Quisimos saber si el euskera es un intermediario en las relaciones de valor y de qué manera condiciona esos valores que la gente expresa en relación a la naturaleza. A ver si el euskera tiene importancia a la hora de crear esas relaciones de valor, alimentarlas y expresarlas en nuestro día a día.

¿Y a qué conclusiones habéis llegado?

La investigación la realizamos en los Pirineos occidentales, al norte de Navarra y en Zuberoa: Irati, Amezketa y en la zona. En este espacio se hablan tres idiomas: euskera, pero también castellano (al sur) y francés (al norte). Queríamos ver si en esas condiciones se ve algún patrón en el que los perfiles sociolingüísticos tienen alguna relación con la forma de valorar la naturaleza. Para ello utilizamos una metodología semicuantitivo-semicualitativa. Aunque utiliza la estadística, no se trata de hacer una radiografía de toda la sociedad. Tratamos de identificar a los diferentes grupos humanos para ver si en cada grupo prevalecen una perspectiva sobre los valores de la naturaleza.

La desconsideración de nuestros valores de relación con la naturaleza genera continuos conflictos sociales en temas ambientales, según Pascual. Ed. Wikimedia

Tomamos el bosque como modelo, pero se podía tomar el mar o cualquier otro. Estudiamos todo tipo de relaciones con el bosque: instrumentales (atraer el turismo, sacar la madera…), experiencias binales y emocionales (qué sienten cuando están en el bosque), morales (que indican la responsabilidad, la necesidad de mantener el bosque para las siguientes generaciones)… Sistematizamos frases derivadas de la literatura, que tienen mucho que ver con los valores relacionales (por ejemplo, “necesito el bosque para entender mi identidad cultural”), y tienen un valor intrínseco. Cerca de un centenar de personas participaron en la investigación y con estas frases, se aclaró la perspectiva que tienen las personas del bosque.

Vimos que en esta sociedad se planteaban tres perspectivas principales que se presentan a distintos niveles en cada persona: una de las principales es la de los “cuidadores”. La principal percepción que tienen estos sobre la naturaleza es que tienen una responsabilidad para explotar bien el bosque, ya que tiene muchos beneficios ecológicos y sociales que deben a las siguientes generaciones. Es un discurso muy fuerte que se va incorporando poco a poco, la responsabilidad del cuidado.

Otra perspectiva bastante generalizada fue la llamada “eudalmonia”, que indica que el bosque les ofrece una vida plena y las satisface espiritualmente. Creen que sin bosques faltarían algo muy básico en su vida.

Y al grupo de personas con una tercera perspectiva muy fuerte hemos llamado “en el euskera”. Las personas que han puesto de manifiesto esta visión tienen un fuerte compromiso con el lugar en el que viven, muy relacionado con la identidad cultural; y este tipo de relaciones de valor con el bosque están relacionadas con el euskera. Por un lado, no pueden diferenciar el bosque y la naturaleza autóctonas de su identidad cultural y de su adhesión local. Y el euskera es un mediador en todo esto, el euskera condiciona la adhesión local, la identidad cultural y esa adhesión a la naturaleza.

El perfil sociolingüístico tiene mucho que ver con la forma en que las personas valoran la naturaleza. La adhesión al euskera condiciona la identidad cultural y la propia adhesión a la naturaleza. Ed. Wikimedia

Conociendo la intermediación del euskera, y en el marco de esta emergencia ambiental, ¿cuál es su estrategia para promover una vida más sostenible?

Sobre todo, debemos romper esa dicotomía de valores moral-intris y de economicistas instrumentales e introducir en el debate nuestros valores de relación con la naturaleza. Parece que las lenguas, y sobre todo la defensa de las lenguas minorizadas, pueden ser un instrumento poderoso para mantener y promover esos valores de relación y llegar a ese escenario de la sostenibilidad. Si no, el viaje hacia la sostenibilidad de nuestro país será mucho más abrupto y difícil. La sostenibilidad tan necesaria nunca llegará de la mano de valores instrumentales e intrínsecos. Hay que situarlos para tomar decisiones en política.

Pero quiero decir claramente que no se trata sólo de saber y hablar euskera, sino de fomentar la relación y, por tanto, la adhesión al euskera, enraizar en la propia identidad. Hay que trabajar esa identidad sabiendo que está condicionada por el euskera.

También ha publicado un artículo con un grupo internacional de científicos que relaciona la vida local con la biodiversidad. Habéis criticado la actitud del movimiento más conservacionista de Occidente.

Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

En una revista de la familia Nature hemos publicado un artículo perspective. No es una investigación, hemos publicado un artículo derivado de nuestras investigaciones, porque hemos querido impulsar un debate en torno a la cumbre mundial de la biodiversidad que se celebrará en China en octubre de este año. Reunimos a grandes referentes de disciplinas científicas como Bill Adams en geografía, Georgina Mace y Sandra Diaz en ecología, cada una de ellas como una luz marina mundial en su disciplina, tienen una gran autoridad para aportar ideas estratégicas de cara al futuro en su comunidad científica.

A la vista de las investigaciones de nosotros y de muchos otros, veíamos que la política de conservación está dominada sobre todo por la visión occidental, y que muchas veces interviene en países del sur. Utilizan un enfoque muy tácticista. Tienen una percepción de la naturaleza, de la naturaleza salvaje, de la virgen, derivada del colonialismo hace 120 años, aunque tiene que pasar por encima del sistema de valores de la gente que vive en ella. Así, en muchas ocasiones, se proponen acciones injustas para proteger especies o hábitats altamente carismáticos. La biodiversidad la medimos en número de especies, genes, hábitats o procesos ecológicos, pero muchas personas que viven en la naturaleza y están vinculadas a la naturaleza quizás no utilicen estas variables. Lo que reivindicamos es que este otro enfoque debe ser entendido y considerado para promover la conservación de la naturaleza éticamente justa.

¿Puedes poner algún ejemplo?

Pues bien, en países como Sudáfrica o la India, desde la época del colonialismo se han creado parques naturales para proteger la megafonía (elefantes, tigres, etc.), en beneficio de los que a menudo establecieron colonias (por ejemplo, para la caza), pero en la situación neo-colonial, los gobiernos siguen expulsando y marginando a la gente que vive allí o a las comunidades indígenas. Se realizan grandes injusticias, sabiendo que estas comunidades indígenas han sido las que han conservado esta biodiversidad, y que en este espacio natural han coevolucionado su cultura y los valores de relación antes mencionados.

La palabra naturaleza es la palabra que construimos los seres humanos, como dicen los antropólogos. ¿Qué es la naturaleza? ¿Nosotros también somos parte de la naturaleza? ¿Qué papel tenemos en la evolución de la naturaleza? El concepto científico de biodiversidad funciona muy bien a la hora de catalogar las cosas, eso es imprescindible para comprender y proteger la naturaleza, pero también las ciencias humanas (antropología, historia, economía, psicología…) tienen mucho que decir para comprender la naturaleza y comprender nuestra posición respecto a la naturaleza. De una manera transparente obtendríamos la versión 2.0 de la ciencia de la biodiversidad.

¿Qué respuesta habéis recibido del movimiento conservacionista?

Creemos que a muchos académicos les ha gustado la reflexión; casi 10.000 personas han conseguido el artículo durante dos o tres semanas. Pero las críticas van a venir, sabemos. El movimiento conservacionista podría pensar que tenemos una tarea muy urgente, como la de proteger el 30% del planeta, y que nuestra propuesta no ayuda a establecer este tipo de números mágicos. Nosotros decimos que ese 30% está bien, pero que no se puede basar únicamente en catálogos de especies, ya que en esos lugares vive gente, por lo que las políticas y medidas de conservación deberían diseñarse e implementarse con las personas que viven allí.

Sin embargo, durante muchos años ha habido un fuerte choque de intereses entre enfoques instrumentales y ecocentristas. Y hasta ahora, en ese choque, la perspectiva instrumental o economicista va imponiéndose lentamente, incluso en las políticas mundiales. Las perspectivas basadas en los valores relacionales no se toman debidamente en cuenta y, por tanto, mientras la economía crece, la naturaleza se está convirtiendo en perdedora. Dicho de otro modo, estamos perdiendo la batalla con una comprensión estricta de la biodiversidad. No nos hemos atrevido a mirar de esa manera amplia qué es realmente para nosotros la naturaleza, de manera plural, y a partir de ahí crear políticas efectivas.

Ahora, en la cumbre de China se marcarán los objetivos para la próxima década y probablemente se marcará el objetivo de proteger el 30% de la superficie terrestre del planeta para proteger la biodiversidad. Pero, como decíamos, ¿dónde pondremos ese 30%? ¿Sobre todo en comunidades indígenas? ¿A quién afectará principalmente el beneficio y a quién afectará un coste económico y social extraordinario? Para decidir esto hay que tener en cuenta la pluralidad mencionada, no se pueden utilizar únicamente métricas de especies, dónde se encuentran más especies o las especies endémicas. Si generáramos un prisma para entender la naturaleza, si fuéramos capaces de tener en cuenta las relaciones y los múltiples valores entre la sociedad y la naturaleza, la implantación de estos refugios supondría beneficios tanto para la naturaleza como para la gente. De lo contrario, la ubicación de los refugios puede generar nuevos conflictos y dentro de 10 años conseguir el efecto contrario al deseado.

Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

Sabiendo que este año en China va a haber una cumbre de primer orden, la comunidad científica y política, es decir, la plataforma cientifico-política IPBES relacionada con las Naciones Unidas y los agentes implicados en la convención internacional de la biodiversidad, queríamos agitarnos un poco. En algunos espacios de las Naciones Unidas ya se ha empezado a incorporar esta idea en sus debates, así nos lo han comunicado. Y no sabemos hasta dónde llegará, pero sentíamos la necesidad de lanzar este debate. Hace tiempo que mucha gente hablaba de eso, pero los debates se han dado de forma muy fragmentada, cada uno en su pequeña comunidad, en su burbuja; nosotros hemos tratado de abrirlo a los cuatro vientos. Hemos querido hacer explotar estas burbujas.

Ha sido un proceso muy difícil para nosotros, el entendimiento entre investigadores de diferentes disciplinas y el atropello del artículo, porque los investigadores de referencia a nivel mundial que han participado saben que tienen una gran responsabilidad en su comunidad. Pero los procesos de agitación son muy creativos. Si no, en la ciencia se crean unas inercias y todos sabemos que viajar en la inercia es muy cómodo… Para romper esa inercia hemos querido agitarla, ser disruptivos. Veremos si ha sido fructífera o no en los próximos dos o tres años. Creo que sí, que a través de este artículo aprovecharemos la oportunidad de agitar el mundo de la ciencia y la política.

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