Agustin Arrieta Urtizberea Filosofoa

“El pensamiento crítico es la capacidad de cuestionar nuestras creencias”

2020/12/01 Agirre Ruiz de Arkaute, Aitziber - Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

Los pensadores aseguran que el XXI es un pensamiento crítico. La habilidad humana más importante del siglo XX. Esta sociedad del exceso de información facilita el acceso a las matorrales e informaciones falsas y, si no es muy crítica, nos convierte en fáciles de manipular. El pensamiento crítico es una característica de la libertad. El filósofo de la UPV, Agustín Arrieta, nos ha dado la clave para desarrollar esta capacidad: estar dispuestos a dejar de lado nuestras creencias.
Ed. Jagoba Manterola/©ENFOCA
Últimamente se ha producido un fenómeno de matorrales. ¿Es nuevo?

Siempre han sido demasiado pseudas, no son algo nuevo. Aparecieron en EE.UU., con gran fuerza, entre 1970 y 80, cuando hubo grandes cambios en los medios de comunicación. Ahora está pasando algo nuevo, pero sobre todo es nuevo en tamaño.

Es algo que ha traído las redes sociales y el modelo periodístico actual. Estamos constantemente conectados en el móvil y todo es “I like it”. En el móvil no paramos de pasar y pasar noticias —like, like, like, like— se hace una selección de noticias que finalmente decide qué noticias pasarán a la primera línea. Las noticias se difunden por todo el mundo sin ningún tipo de control. El criterio utilizado para la aceptación de la noticia no es la investigación o verificación realizada.

¿Y qué es demasiado falso?

Diría que es menospreciar algunos valores: objetividad, imparcialidad, neutralidad, atención a las evidencias... Es decir, menospreciar los valores epistémicos asociados al conocimiento. Aparece la figura del cuadernillo, que es la capacidad de una persona para construir discursos con habilidad, pero sin atenerse a esos valores. Este tipo de desprecio se ha convertido en una moda. El mentiroso está mal visto, pero no sé si ese otro está tan mal visto. No estoy tan seguro.

Muchas veces lo han comprado movimientos de izquierdas. ¿Por qué? Hay muchas razones: en la base hay una actitud contraria a la ciencia absoluta, una actitud contraria al poder que surgió con buenos propósitos. Pero hoy en día el propio Trump está en ese juego.

Por ejemplo, cuando en Oregón y California se han producido grandes incendios, a un negacionista de la emergencia climática, propietario de una compañía petrolera, se le quemó la casa. Salió en los medios de comunicación diciendo que el fuego se propagó por culpa de los árboles y que hay que retirar los árboles. Muy trumpista.

Perder objetividad y respeto por los valores epistémicos es muy peligroso. Hannah Arendt lo dijo muy claro cuando investigó el nazismo y los totalitarismos: es la puerta a la manipulación y al totalitarismo, cuando viene de la mano del conformismo.

¿Qué estrategia utilizan para que la gente cree las cosas?

Muchas veces tienden a tocar las emociones (miedos, preocupaciones, deseos…), en las que la gente se centra. Antes había que ver lo que ponían en la tele, pero hoy en día cada uno busca la fuente de información que quiere y elige lo que quiere escuchar. Al escuchar solo lo que quiere oír, alimenta constantemente sus opiniones y con ello sus miedos. Y detrás hay una persona competente que ha identificado qué quiere oír la gente sobre un tema.

En el momento en que tocan nuestros miedos, ¿somos capaces de tener un pensamiento crítico?
Ed. Jagoba Manterola/©ENFOCA

No es fácil y nadie está libre de este peligro. Pero tenemos que reivindicarlo: no te quedes cómodo con tus miedos, deseos, sentimientos, emociones. Esa es precisamente la actitud crítica. Pero es incómodo porque requiere un esfuerzo. Lo más cómodo es alimentar una y otra vez lo que tú crees y sientes.

¿Qué capacidades básicas tenemos las personas para desarrollar el pensamiento crítico?

Lo más importante es el comportamiento de casi un niño. Sorprender, preguntarse constantemente… Esa capacidad es importante. Muchas veces lo más cómodo es no hacer preguntas, sobre todo si lo que oyes coincide con tus creencias. Es más cómodo ignorar.

Por eso diría que es imprescindible trabajar la capacidad de hacer preguntas rigurosas en cada momento y en cada contexto. Sé en un contexto científico, en la pandemia actual, por ejemplo, o en cualquiera. Yo todavía estoy en estado de shock por la pandemia. Busco preguntas adecuadas que me dan acceso crítico. Bertrand Russel lo decía muchas veces de la filosofía: lo importante no es qué respuestas da, sino qué preguntas hace. Y en la vida cotidiana, igual.

Se tiende a relacionar el pensamiento crítico con la racionalidad y la capacidad de análisis, pero ¿son importantes también las habilidades emocionales?

Sí, sin duda. El pensamiento crítico no sólo es riguroso en términos de capacidad de análisis. Eso es muy importante, pero no es más que un aspecto. Tienes que conocer bien tus miedos, prejuicios, emociones… En muchas épocas se ha primado la racionalidad, pero ahí hay un desequilibrio. Tengo claro que la crítica más fructífera es la que surge del equilibrio entre ambos mundos, es decir, entre las capacidades racionales y emocionales.

Es más, para ser crítico tienes que valorar el presente y imaginar un futuro. Es decir, tienes que hacer crítica con el objetivo de cambiar la situación, pensar en un futuro mejor, en beneficio de todos. Y ahí tienes que poner unos valores encima de la mesa. Si no, puedes hacer un análisis muy exhaustivo de una situación, pero no tendrá capacidad para cambiar la situación, quitando lo malo y sustituyéndolo por algo bueno. Para tener esa capacidad de movimiento tienes que manejar muy bien tus emociones y sentimientos. Los valores están relacionados con los sentimientos.

Hay pensadores muy racionalistas que piensan que hay que valorar las cosas de una manera racional. Yo no estoy de acuerdo con eso. Por ejemplo, Kant era un gran pensador, pero vivía en una parálisis porque era demasiado racionalista. Su pensamiento no tenía capacidad de cambiar las cosas, le faltaba ese aspecto emocional-sentimental ligado a los valores. Es muy importante relacionarlo con la criticidad.

La investigación científica es un buen ejemplo de conocimiento que se construye con pensamiento crítico. Pero la ciencia la hacen las personas. ¿Afectan a la investigación científica sus prejuicios, valores, miedos…?

Sí, sí. Muchas veces me pregunto: ¿por qué se investiga sobre esto y no sobre otro? ¿Por qué no se investigan las enfermedades más letales? Porque están en el tercer mundo. Está claro que los medios de investigación son elegidos por las personas, de acuerdo con sus intereses, deseos y negocios. Si queremos crear un mundo mejor, de ahí no vamos bien. En Cuba, por ejemplo, se dio prioridad a la medicina. Ahí se tomó la decisión de priorizar la salud.

Y lo mismo respecto a las aplicaciones, ¿por qué se impulsan unas aplicaciones y no otras? El menú es muy amplio, pero se han seleccionado algunos. Ahora mismo vivimos en una sociedad tecnológica. ¿Nos damos cuenta? La tecnología está metida en nuestro alma, en nuestras relaciones sociales. Y creemos que esta sociedad tecnológica es un fenómeno natural, que nos ha venido como vienen los terremotos y que no podemos hacer nada. Y no es así. Esta sociedad hipertecnológica no nace milagrosamente, sino de la mano de la ciencia. Y la ciencia es un fenómeno humano, no un fenómeno natural. ¿Quién ha decidido todo esto? Estas decisiones han sido tomadas, puestas en marcha por alguien. ¿Quién?

Ed. Jagoba Manterola/©ENFOCA

En lo que afecta tanto a nuestro día a día, no hemos tenido ocasión de decidir. Ha habido un gran error en el procedimiento. Esto ha causado mucho dolor. Yo lo veo entre los jóvenes; relacionan la ciencia con el poder y el capitalismo. Está enganchado al sistema capitalista y su liberación no es fácil. Hay una pregunta que debemos responder: ¿a dónde vamos?

En ello se ve claramente cómo influyen los prejuicios e intereses de las personas. Pero hay otro punto más problemático. Por ejemplo, lo que ocurrió en la primatología: sólo los hombres investigaban y, al mirar a la organización social de los primates, creían que había un macho alfa y que todos los demás dependían de él. Además, sus conclusiones se extendieron al ser humano: que las hembras dependían de los machos era natural. Sin embargo, en la década de 1970, las mujeres entraron en primatología. Fueron a las selvas y vieron otra cosa. Se pusieron encima de la mesa otras hipótesis que, según parece, explicaban mejor el mundo de los primates. En muchas disciplinas existen ejemplos de este tipo.

Hay mucho debate: algunos se han dirigido a un extremo diciendo que hay una ciencia masculina y una ciencia femenina. Yo lo entiendo de otra manera: hay que democratizar la ciencia, no sólo en el caso de las mujeres, sino también en el caso de las negras, etc. Todo el mundo tiene que tener la oportunidad de dedicarse a la ciencia. No sólo porque desde el punto de vista social era injusto, sino porque desde el punto de vista científico también teníamos un problema.

¿Y qué prejuicios tiene la propia sociedad sobre la ciencia?

Pues piensan que los científicos se sienten propietarios de la verdad absoluta y que la sociedad no puede decir nada. Esta imagen está muy extendida, pero es errónea. Yo no conozco a ningún científico que lo reivindique. Habrá algunos que igual son hombres de negocios, pero en general el científico que está en el laboratorio, tomando notas, resolviendo dudas…, no creo que se sienta en absoluto propietario de la verdad absoluta.

En mi opinión, al tratarse de una fotografía desfigurada de la ciencia, las críticas que se hacen al respecto también son erróneas. A veces veo una actitud agresiva, ven a la ciencia como enemigo. La sociedad tiene que ser una fotografía más realista de la ciencia y luego darle la madera. De lo contrario, no vamos a encauzar bien la crítica. Sólo entonces se podrá reivindicar la necesidad de la democratización, o denunciar su complicidad con el sistema capitalista… A mí me gustaría una ciencia en la que la investigación está enfocada a la mejora de todos. Y eso es lo que impulsa la crítica a la ciencia.

Durante la pandemia, ¿la gente ha perdido o ha ganado la confianza en la ciencia?

Yo creo que la gente ha puesto esperanza en la ciencia. Parece que la vacuna nos traerá la salvación. ¿Sobreesperanza? En cualquier caso, es un fenómeno nuevo. La ciencia ha pasado a la primera línea. En el otro extremo hay ciencia que ha sido considerada culpable de este desastre. No son muchos, pero tienen una actitud agresiva hacia la ciencia. Por tanto, hay muchas imágenes contradictorias.

Pero hay una cosa que me ha gustado, aunque mucha gente ha hecho una lectura negativa: se ha visto, bastante transparente, cuál es el funcionamiento de la ciencia. Antes mucha gente pensaba que la ciencia era una actividad totalmente sólida y de gran certeza. Pero no, se ha comprobado que existen debates y colisiones entre los epidemiólogos, dudas, inseguridad… En ese sentido, lo que se ha puesto de manifiesto ha sido muy interesante. Mira, esta es la ciencia.

Esto puede ayudar a cambiar la imagen de la ciencia, romper esa imagen fuerte y dura que hasta ahora se transmitía en los medios de comunicación. Es muy importante dar una foto realista sobre la ciencia, mostrar sus debilidades y dar una imagen humilde; de lo contrario, las críticas se hacen muy duras contra lo que tiene una apariencia dura.

Ed. Jagoba Manterola/©ENFOCA

Gai honi buruzko eduki gehiago

Elhuyarrek garatutako teknologia