María José Sanz Sánchez BC3 Basque Centre for Climate Changeko zuzendaria

“Somos una especie vulnerable porque no vemos los riesgos que nos surgen”

2021/03/01 Agirre Ruiz de Arkaute, Aitziber - Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

El cambio climático y la insuficiente pérdida de biodiversidad y la zoonosis del covid-19 han puesto de manifiesto que la degradación del medio ambiente de origen antropológico puede poner en peligro la propia salud humana. María José Sanz Sánchez tiene claro que muchas de las enfermedades humanas son causadas por nuestro estilo de vida y nos invita a cuestionar la vida consumista actual con una simple pregunta: ¿qué necesita una persona para sentirse realmente bien, tener salud, disfrutar de la vida?
Ed. Aritz Loiola/©FotográficoPress
Se ha tratado de buscar soluciones biomédicas a la crisis del covid-19, pero los expertos afirman que esta crisis no es una simple pandemia. Lo han definido como una sindemia, ya que varias enfermedades se unen y se interactúan. ¿Qué opinas?

Esta pandemia es sólo un elemento más de una crisis más general. No tendría tal efecto si no hubiéramos estado en este punto crítico de la crisis general. Entre otras cosas, nuestro estilo de vida ha condicionado todo esto. El actual sistema de desarrollo ha ejercido una enorme presión sobre los ecosistemas naturales. ¿Qué pasa? Que a medida que hemos invadido y explotado ecosistemas aislados o protegidos anteriormente, nos hemos expuesto a patógenos nuevos para nuestra especie. Nos hemos puesto bajo la influencia de estas nuevas bacterias y virus.

Pero también estamos dando otro problema con la degradación de los ecosistemas. Estos ecosistemas son nuestro soporte, de los que sacamos todo lo que necesitamos para sobrevivir: agua, alimentos, materias primas, oxígeno… Y como consecuencia de la degradación, ya no nos dan los servicios ecosistémicos que antes nos proporcionaban. Cada vez somos menos capaces de apoyarnos. Ahora nos hemos dado cuenta de que este es un gran problema y que sin el apoyo de estos ecosistemas pronto tendremos serios problemas sociales y de supervivencia.

Esta crisis zoonótica del COVID-19 no ha sido casual; los científicos llevaban muchos años avisando de que el cambio climático y la degradación de los ecosistemas podían provocar. Algunos han señalado a los políticos porque no han adoptado medidas efectivas contra el cambio climático.

Sí, pero es fácil culpar a los demás. Todos somos responsables porque no hemos sabido en qué dirección está tomando nuestro desarrollo. Hemos pensado que somos una especie todopoderosa, con remedio para todo, que podemos conseguir una biotecnología que blinde nuestra salud, y eso nos ha hecho vulnerables. Somos una especie más vulnerable de lo que creemos, porque no nos vemos qué peligros estamos generando y los tenemos a la altura de los extremos.

Muchas enfermedades han sido causadas por nuestro estilo de vida: la mayoría de las enfermedades cardiovasculares están impulsadas por dietas de los últimos 30 años; muchas enfermedades respiratorias son causadas por el deterioro y la contaminación de la calidad del aire como consecuencia de nuestro modelo de desarrollo, movilidad y energía. Creo que tenemos que dejar de lado esa sensación de intangibilidad, dejar de pensar que nuestra capacidad de desarrollo tecnológico lo solucionará todo.

¿Tiene la ciencia responsabilidad de no haber resuelto todavía esta crisis ambiental?

Sí, claro. Los primeros en reflexionar somos científicos, porque no hemos sido capaces de trabajar colectivamente. No sabemos antes que estos problemas son muy complejos y que si no trabajamos todos juntos no los solucionaremos.

Las ciencias están muy divididas. Y así, es difícil que las diferentes disciplinas se comprendan para solucionar un mismo problema, como la economía, la ecología, las matemáticas o las ciencias sociales. Esta rotura debe romperse. Es importante que los científicos se conozcan porque cada uno tiene una mentalidad condicionada por su disciplina. Todos creen que lo más importante es su disciplina.

Tenemos problemas muy complejos y necesitamos conocimiento de todos para resolverlos. Tenemos que ser sinceros y humildes para reconocerlo. No hay mejor ciencia, todo el conocimiento vale. A mi me gusta más hablar de conocimiento que de ciencia.

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En su día abandonó la ciencia. ¿Por qué?

Soy una ecofisióloga que estudiaba el ciclo del carbono y la influencia de la contaminación del aire. En el tema del cambio climático, cuando el Protocolo de Kioto se puso sobre la mesa, se observó que los sumideros naturales de carbono podían ser una forma de mitigar el cambio climático, ya que se veía muy caro reducir las emisiones en el sector de los combustibles fósiles, etc. Yo calculaba los flujos de carbono en los ecosistemas y me pidieron asesoramiento.

En aquella convención me di cuenta de que no nos entendíamos, que científicos y políticos hablamos lenguas totalmente diferentes. El científico cree que su conocimiento aportará la mejor solución y que lo que él piensa es inamovible, pero no sabe en qué situación se debe poner en marcha y no sabe qué obstáculos se encuentran en el camino, sobre todo si sólo por su saber se fija en el problema. Por eso decidí estudiar el tema desde otros puntos de vista y fui a Naciones Unidas. Trabajé en el Convenio de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en medio de los debates. Vi que las negociaciones son sistemas muy complejos y que las personas somos la principal parte del problema: nuestro comportamiento, nuestra cultura, nuestro pensamiento y nuestra historia nos condicionan a la hora de abordar estos problemas.

Por ejemplo, en las negociaciones internacionales, el comportamiento de una persona de los países orientales no tiene nada que ver con el comportamiento de un anglosajón, lo que condiciona su descomprensión. Surgen debates ficticios por falta de respeto o por no comprender las condiciones culturales de la otra persona. Esto tiene un gran peso en las negociaciones. Si queremos llegar a un acuerdo, al menos, deberemos ser capaces de asimilar lo que el otro dice de forma constructiva, en lugar de oponernos.

A veces la gente dice: “No han conseguido nada en la convención”. Bueno, quizás el entendimiento y la consecución de un pequeño consenso sea un gran paso, ya que es el inicio de algo que puede evolucionar posteriormente.

Conoces de primera mano la ciencia, las convenciones, los políticos, las agencias de cooperación... Con este conocimiento adquirido, ¿cuáles crees que son las claves para avanzar en esta crisis ambiental?

Yo creo que ya tenemos conocimiento, pero tenemos que entender que los problemas a los que nos enfrentamos son muy complejos. Esta crisis cambiará algo, pero tampoco es bueno ir demasiado rápido, plantear soluciones simplistas en contextos complejos puede llevarnos a no ser eficaces en las soluciones. Hay que dedicar tiempo a buscar soluciones integrales. Mejor hacerlo bien que hacerlo rápido y mal.

Y el dinero no lo arregla todo, esa es otra gran lección que he tenido en la vida. No será obligatoria la reparación por más dinero sobre la mesa. El dinero es una vía de reparación; la tecnología es otra; pero hay que tener más componentes para que la solución avance: la transformación social es el tercer elemento imprescindible. De nada sirve una solución tecnológica si no hay una transformación social detrás, que ayude a asumir ese cambio. Sólo servirá para abrir grietas sociales para aumentar las desigualdades.

Yo pediría a los políticos que piensen a largo plazo, que no se limiten a corto plazo. Por otro lado, que las perspectivas partidistas sean inclusivas, ya que toda la sociedad es responsable de ellas. Si cada vez que cambiemos de gobierno comenzamos a cambiar de rumbo, no solucionaremos nada. Hay cosas que son esenciales y necesarias y que deben mantenerse en el tiempo para que se produzca el cambio, por lo que deben estar fuera de las partidistas. Si pudiesen consensuar cuáles son esas cosas fundamentales y implicaran más al colectivo social, porque muchos de ellos provienen de problemas sociales, todo iría mejor.

Hasta ahora se ha visto como algo que aumenta nuestro nivel social viajar, tener dos casas, ir a comprar sin parar, consumir lujos a costa del planeta. ¿Afrontar esta crisis no supone un cambio cultural importante?
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Como individuos debemos reflexionar sobre lo que realmente nos hace felices. Estamos causando enfermedades: nuevos problemas de salud, enfermedades mentales, nuevas adicciones... Es importante reflexionar qué quiero, qué me hace feliz.

Creo que empezamos a avergonzarnos de nuestro consumismo salvaje. Lo que pasa es que queremos cambiar las cosas, sin cambios reales en nuestras costumbres. Es decir, queremos seguir cogiendo el coche en cualquier momento, para todos, pero estamos dispuestos a hacerlo con un coche eléctrico. ¿Realmente creemos que es el único cambio que necesitamos?

¿Ves la resistencia social para liberar los privilegios de la vida actual?

¡Claro! Pero esto es porque creemos que son privilegios. Es lo que yo digo: ¿son realmente privilegios?

Yo crecí en una barraca de Valencia, en un edificio de barro y paja. En aquella barraca no se desperdiciaba nada que pudiéramos comer nosotros o los animales. No se generaba basura. Y nunca he pensado que ahora vivo mejor que entonces, que allí me faltó nada. En todo caso, la única sensación de falta es que preferiría tener mejor educación. Pero nada más.

La pregunta es: ¿qué necesitas para sentirte bien, tener salud, disfrutar de la vida? Necesitamos recuperar sistemas de valor más vinculados a nuestro bienestar real.

Para terminar, ¿cómo afectarán el final de la etapa de Trump, el Brexit y la fuerza que está tomando China?

China lleva tiempo tomando fuerza. Tiene sus tentáculos introducidos en todos los países en desarrollo para la extracción de materias primas. Ahora muchas cosas están en sus manos. Si ve oportunidades de nichos de crecimiento económico hacia la sostenibilidad en algún sector, avanzará.

No sé qué decir del brexit. El mayor problema es que es reflejo de la falta de cohesión que tenemos en Europa. El aumento de la Unión Europea generó muchas tensiones, se hizo demasiado rápido y los países del este no se integraron bien en la comunidad. En los últimos tiempos la Comisión argumenta que Europa puede y debería hacer una transición hacia un modelo “verde”, antes que otras regiones, porque esto nos devolverá el liderazgo. Pero no se ve unidad para proteger una transición.

Y la de EEUU, de estos cuatro años, ha sido como una novela de ciencia ficción. Es señal de que la sociedad está polarizada. A veces, alguien consigue poner de manifiesto toda esa divergencia, lo que estaba enterrado, ese abandono de una parte de la población y lo capitaliza en un movimiento populista. La gente sigue este tipo de discursos porque es la única manera de decir: “Oye, te has olvidado de mí y estoy aquí”. Por eso digo que pediría a los políticos que sean inclusivos. Tienen que cuidar a todo el mundo.