“Desciende la capacidad de las vacunas para impedir la transmisión del virus”

2021/12/02 Agirre Ruiz de Arkaute, Aitziber - Elhuyar Zientzia Iturria: Elhuyar aldizkaria

Maíra Aguiar es bióloga que trabaja en modelización matemática en BCAM, centro de investigación en matemáticas aplicadas. El Gobierno Vasco les pidió que desarrollasen un modelo matemático para comprender la dinámica de transmisión que está teniendo el COVID 19 en la CAPV. Ha analizado sus resultados y ha reflexionado sobre la situación actual.
Ed. BCAM

¿Para qué sirven vuestras modelizaciones?

Gracias a nuestras modelizaciones matemáticas podemos hacer previsiones fiables, en el momento más crítico de la pandemia, para que los hospitales estén preparados. Y el Gobierno Vasco nos pidió que estudiara si las estrategias de control establecidas en la CAPV eran capaces de mantener la pandemia. En este caso, vacunas.

En plena situación de emergencia, el desarrollo de las vacunas tuvo que ser muy rápido, por lo que no se había estudiado su impacto en la CAPV. Se ha estado evaluando el correcto desarrollo del proceso de vacunación.

¿Qué conclusiones han sacado en vuestra investigación?

Se trata de una modelización matemática teórica en la que hemos tenido en cuenta dos tipos muy diferentes de txarangas: COVID-19 Vacuna capaz de prevenir la gravedad y evitar la infección por el virus y la transmisión a terceros, así como la vacunación que impide el desarrollo de la enfermedad grave pero que no interrumpe la transmisión del virus.

Y otra variable que hemos tenido en cuenta es si las personas asintomáticas transmiten menos o más virus que los sintomáticos. Y es que, según una hipótesis, los asintomáticos pueden tener la capacidad de transmisión del virus y, al no aislarse, transmitir más que los sintomáticos aislados.

La modelización de todas las variables permite observar que la tasa de hospitalización se reduce considerablemente en todos los casos, tanto con una como con la otra. Pero la evolución del número de ejemplares es totalmente variable dependiendo del tipo de moneda. Es decir, si la vacuna tiene la capacidad de interrumpir la transmisión del virus, el número de infectados disminuye. Sin embargo, si la vacuna no tiene capacidad para interrumpir la transmisión, el número de infectados en lugar de disminuir, aumenta cuando los asintomáticos trasmiten más que los sintomáticos. Y es que estar vacunado puede dar sensación de tranquilidad y mitigar las medidas, y si los vacunados continúan transmitiendo el virus, puede llevarnos a una situación preocupante.

¿Y cuál es la capacidad real de las vacunas para impedir la transmisión?

Lo mejor sería una vacuna que impide la transmisión al 100%, pero no es real. Además, estudios recientes demuestran que la efectividad de las vacunas está disminuyendo considerablemente. Su capacidad para evitar hospitalizaciones es muy buena y se mantiene (incluso con nuevas variantes), pero no lo es para evitar la transmisión.

Por ejemplo, la vacuna más implantada en la CAPV, con un 90% de protección inicial frente a la transmisión, se ha reducido considerablemente. Por lo tanto, estamos detectando casos positivos en personas totalmente integradas: no necesitan hospitalización, pero están infectadas y transmiten el virus.

¿Cuál es la causa de la pérdida de capacidad para impedir la transmisión?

Todavía no sabemos si es debido a las nuevas variaciones del virus, ya que las vacunas no tienen capacidad para impedir la transmisión de estas variantes, o si con el tiempo está perdiendo inmunidad. Pero como en todas las variantes se ha reducido la protección contra la infección, es posible que con el tiempo se haya perdido la inmunidad.

Una vez finalizados los ensayos clínicos de las vacunas y concedidos los permisos para su utilización, todavía no estaba claro qué tipo de protección se daba contra la infección. ¿No era imprescindible conocerlo para desarrollar estrategias eficaces de pre-pandemia?

Sí, claro, muy importante. Pero los ensayos se realizaron en medio de una emergencia sanitaria y había mucha prisa. Se detectó su eficacia para evitar el desarrollo de la enfermedad grave (más del 70% y la OMS exige más del 50%) y se concedieron los permisos. Era necesario para proteger el propio sistema sanitario. Posteriormente se descubrió que también impedían la transmisión. La evaluación de las vacunas es constante.

¿Y qué sabéis de la otra variable, de la capacidad de transmisión de las personas asintomáticas?

Todavía no hay estudios sólidos que lo clarifiquen. Hay dos hipótesis, ambas razonables. Hay estudios que sugieren la transmisión del virus y que, como siguen haciendo su vida habitual, son asintomáticos los principales responsables de seguir con la transmisión del COVID 19. Pero la OMS no lo tiene claro. Por ello, hemos tenido en cuenta las dos posibilidades a la hora de realizar la investigación. En realidad es importante clarificarlo para establecer estrategias eficaces.

¿Cómo entiende la situación actual teniendo en cuenta los resultados de su investigación?

Dadas las cifras actuales de contagio y hospitalización, nos encontramos con dos hipótesis: que los asintomáticos son más contagiosos que los realmente sintomáticos (debido a su menor carga viral pero con mayor movilidad), o que las vacunas no proporcionan una protección suficiente a la transmisión de nuevas variantes del virus. De hecho, en los nuevos virus esperamos una evolución normal que facilite la transmisión de nuevas variantes. Sería normal.

A la vista de los resultados de vuestra investigación, ¿qué habría que hacer?

Sea cual sea el motivo, es imprescindible no relajarse con las medidas. La cobertura de vacunación es superior al 80% y una elevada tasa de vacunación puede influir en el comportamiento de la gente: puede estar relajándose, tanto en el uso del beso como en el mantenimiento de la distancia.

Debemos recordar que la efectividad de las vacunas está disminuyendo en cuanto a la capacidad de interrupción de la transmisión, y nuestra investigación ha demostrado que, en este caso, los asintomáticos pueden aumentar el número de positivos. Por tanto, es importante mantener las medidas de protección. Más aún teniendo en cuenta que estamos en plena era de infecciones respiratorias. Ya estamos viendo doble infección: COVID-19 y gripe u otros virus respiratorios. Esto puede empeorar el estado de salud de las personas de riesgo.

Por otro lado, dado que las vacunas están perdiendo la capacidad de interrumpir la transmisión, es importante dar una dosis de refuerzo para recuperar la inmunidad.

Para finalizar, últimamente se está poniendo encima de la mesa la posibilidad de introducir niños menores de 12 años. ¿Qué opinas?

La vacunación no es una acción individual sino social. Vacunando a los niños protegeremos a los adultos. En este caso, la vacuna no tiene peligro para los niños y, aunque está disminuyendo su capacidad de protección frente a la transmisión, siempre reducirá algo la transmisión.

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