Antony Hewish, descubridor de las redes de pulso

1988/04/01 Irazabalbeitia, Inaki - kimikaria eta zientzia-dibulgatzaileaElhuyar Fundazioa Iturria: Elhuyar aldizkaria

A principios de marzo, el premio Nobel de Física Antony Hewish ha recaído en Donostia. Aprovechando esta ocasión nos dirigimos a él para realizar la siguiente entrevista. A través de estas líneas queremos agradecer la acogida que nos hizo este delgado y simpático hombre de sesenta años.
Elhuyar.– ¿Nos vas a dar detalles sobre tu vida?

Antony Hewish.– Nací en el oeste de Inglaterra, en un pequeño pueblo costero de Cornuales. Así que quiero el mar. Mi padre era banquero y mi familia no tenía un ambiente especial con la ciencia. Pero yo me interesé por la ciencia y fui a la Universidad de Cambridge. Era el año 1942 y estaba en la Segunda Guerra Mundial. Después de un año en la universidad, tuve que ir al ejército y allí me preocupé por los problemas tecnológicos. Trabajé en el equipo que trabajaba en el desarrollo del radar. Pasé tres años en esa tarea. Después volví a Cambridge.

Ser investigador no era mi intención, quería hacer algo más aplicado. Pero al final de carrera sacé bastante buenas notas y me surgió la oportunidad de seguir en Cambridge. Me dijeron que podía empezar en la radioastronomía. El equipo estaba liderado por Martin Ryle. Yo ya conocía a él, porque cuando trabajé en el equipo del radar durante la guerra me lo encontré. Trabajábamos en el mismo centro de trabajo y nuestro equipo y el suyo tuvieron estrechas relaciones. Así que en 1948 entré al equipo de Martin Ryle como estudiante de investigación.

La radioastronomía era recién nacida y era muy bonito empezar a trabajar en ello. Además, Cambridge era el lugar más importante de la radioastronomía del mundo. Por lo tanto, era el mejor lugar para investigar y yo estaba muy contento. Luego ya sabes, en mi investigación he tenido mucha suerte, ha sido un camino muy próspero. Todo ello con el descubrimiento de las pulsares.

Elh.– Nuestra segunda pregunta se refiere precisamente a la pulsera que acabas de mencionar. Como se menciona en las enciclopedias, su descubrimiento fue casual. ¿Podría explicarnos cómo fue?

A.H.– Realmente fue una suerte. En aquella época estaba diseñando un nuevo radiotelescopio que sirvió para detectar las pulsiones. Entonces, mi interés era encontrar cuasares. Estos son objetos muy compactos, de muy pequeño volumen y que emiten ondas de radio. Las podemos detectar mediante estas ondas de radio.

Cuando observas un quasare parpadean como las estrellas por la causa de las nubes de plasma emitidas por el sol. Esto está sucediendo constantemente. En 1964 nos dimos cuenta de que las galaxias comunes y las cuasares se pueden distinguir con este destello. Así que diseñé un radiotelescopio muy sensible. Tenía que ser así porque yo quería detectar objetos muy lejanos y muy débiles. Además tenía que trabajar en grandes longitudes de onda.

Los radioastrónomos normalmente trabajan en longitudes de onda reducidas en cm. No me valían los radiotelescopios realizados para trabajar en ese intervalo, ya que el brillo generado por el plasma solar sólo se percibe cuando se utilizan longitudes de onda mayores (alrededor de un metro). Así que diseñé una antena muy grande y sensible. Trabajaba a una longitud de onda de un metro. Comenzamos a explorar sistemáticamente todo el cielo en busca de señales fluctuantes. Eso es precisamente lo que necesitas para encontrar las pulsares, y trabajar así sin ellas es casi imposible.

Elh.– Para muchos de nuestros lectores los astrónomos son personas que exploran el cielo a través de las lentes de un telescopio. Los radioastrónomos no trabajan así. ¿Qué diferencia hay entre radioastronomía y astronomía óptica?

A.H.– Ambas trabajan con radiaciones electromagnéticas. La primera con la radiación, la luz, y la segunda con ondas de radio que no podemos ver. Fue descubierto en los EE.UU. en la década de 1930 con la llegada constante de señales de radio desde el cielo y redescubierto en Gran Bretaña durante la guerra. Se descubrió que el Sol emite fuertes señales de radio.

En el cielo hay objetos que se detectan por radio y que no se pueden detectar a través de la luz.

Si quieres detectar las ondas de radio procedentes del sol, necesitas una herramienta adecuada. Debe ser sensible a las ondas de radio. Si quieres saber de dónde vienen, necesitas un gran colector, algo grande en forma de aro para poder medir el ángulo. Quiero decir que el radiotelescopio es análogo al telescopio óptico, pero tú no puedes sacar fotos. Mide la fuerza de la radiación que viene y puede convertirla en una imagen de radio. Así que con los radiotelescopios obtenes una imagen diferente del universo.

Elh.– El Big Bang se utiliza en la actualidad. ¿Qué es ese Big Bang?

A.H.– ¿Qué es el Big Bang?. Sólo es el origen de la explosión del universo.

Cuando empecé a investigar en la década de 1940, no teníamos idea de cómo nació el universo. Había muchas teorías, pero lo único que sabíamos era que se está extendiendo. Todos estaban de acuerdo.

En los años 60, los astrónomos descubrieron una radiación térmica en los EEUU. Hoy se llama radiación de fondo por microondas. Esta radiación ocupa todo el universo y corresponde a la radiación que se produce a muy baja temperatura (varios grados por encima del cero absoluto).

Pero si te preguntas cómo era el universo, la respuesta tiene que ser muy caliente. Para explicar estas dos cosas tienes que pensar que la expansión del universo y las altas temperaturas de antaño, es decir, al principio del proceso, fue una explosión cósmica (como una explosión nuclear enorme).

Esta es nuestra imagen del origen del universo, la explosión creativa que llamamos Big Bang.

Elh.– Has explicado el origen del universo. ¿Cuál es nuestra imagen del universo actual?

A.H.– Bueno, podemos hacer un borrador del universo. El universo es hoy terrible. Está lleno de galaxias. Las galaxias son conjuntos de millones de estrellas a la vez. A simple vista sólo vemos algunas de ellas, pero con un telescopio el espectáculo se extiende mucho.

Las galaxias son los constituyentes del universo, los ladrillos. El universo es una enorme fractura de quince mil millones de años, formada por millones de galaxias. Estas galaxias y las estrellas que hay en su interior se están formando constantemente. Todo el sistema se está expandiendo y parece que en el futuro seguirá así para siempre.

Sin embargo, este problema sigue abierto. El proceso tiene la posibilidad de parar y retroceder.

Elh.– Por tanto, el universo se está expandiendo para siempre.

A.H.– Sí, se está expandiendo para siempre, pero el proceso se está acelerando. Y si miras a largo plazo, el despliegue puede ser muy lento y finalmente pararlo. Yo creo que el universo que se expande para siempre es la imagen más adecuada. Sin embargo, lo que realmente va a suceder dependerá de la cantidad de materi que hay en el universo, ya que si hay materia, la atracción gravitatoria comenzará a trabajar y la expansión se acelerará. El modelo teórico más adecuado es el de disponer de la materia suficiente para equilibrar la gravedad cuando el universo es infinitamente grande. Es decir, empieza rápido y luego se agita. Pero nunca se parará porque necesita mucho tiempo.

Elh.– Dejemos ahora la astronomía a un lado y empecemos en otro campo de la física. En los últimos tiempos, los físicos están realizando grandes esfuerzos tras una teoría común de la física. ¿Qué te parece?

A.H.– Yo creo que es posible, porque ya hemos puesto juntos fuerzas que nosotros consideramos bastante diferentes. Cuando empecé a estudiar física había fuerzas electromagnéticas y débil, que mantiene envueltos elementos internos de partículas como el neutrón. Creemos que estas fuerzas eran bastante diferentes, pero hoy sabemos que son aspectos diferentes de una misma fuerza. Esto lo sabemos gracias a los avances en la física de partículas (predicción y descubrimiento de partículas W y Z). Por lo tanto, las cuatro fuerzas que antes eran ahora son tres.

Desde el punto de vista teórico, esa Teoría Unificada que englobará todas las fuerzas y que usted ha mencionado es muy atractiva. Por supuesto, tendremos que incluir la gravedad. Es una especulación, una especulación muy atractiva, que puede estar relacionada con el origen del universo. Si consideramos que existe una teoría conjunta de este tipo, podemos entender algunos de los principales problemas de la cosmología. Para mí, existe una relación muy estrecha entre el universo inicial y la física de partículas (fuerzas básicas). Es posible que nunca se alcancen las energías necesarias para demostrar la Teoría Común. Pero observando los fenómenos cosmológicos que pueden suceder en el universo, analizando el comportamiento del universo, podemos ensayar con la Teoría Unificada, utilizando el universo como laboratorio.

Elh.– Cambiando a un tema nuevo, ¿crees que hay que llevarlo a una investigación y a una docencia?

A.H.– La enseñanza es un ejercicio muy bueno para todos. Si no te pones delante de alumnos que pueden hacer preguntas imprevistas, nunca se te ocurrirán. Creo que la gente que está investigando tiene que enseñarlo. De lo contrario, los alumnos no tienen relación con gente que está realizando una investigación avanzada. La investigación y la enseñanza deben ir de la mano. Esto no significa que no haya un buen profesor que no haga investigación. Sin embargo, los alumnos deben estar en contacto con el profesor que está a la cabeza de la investigación para que se contagien del tema.

Si los investigadores viajaran solos por su camino, se alfanizarían porque no tienen que enfrentarse a las preguntas de los alumnos. Por otro lado, si el profesor ha perdido relación con la investigación, no conoce los últimos avances y no se da cuenta de lo que ocurre en el mundo de la investigación.

Elh.– Se necesitan grandes sumas para la investigación. ¿Quién crees que debería pagar la investigación?

A.H.– El pago se repartirá entre varias entidades. La universidad debe tener autonomía. Eso es muy importante. La universidad no debe estar controlada en sus funciones.

Si el Gobierno pagara solo, la universidad debería hacer lo que le interese al Gobierno. Recibiría dinero para hacer lo que él quiera. La universidad necesita libertad para seguir su línea.

El modo de conseguir la libertad sería disponer de fondos de pensamiento abierto y dotarlos de fondos a la universidad para que ésta los disfrute libremente.

La industria también debe financiar la investigación.

La universidad debería recibir fondos de todos los lugares para lograr el equilibrio y la libertad por un lado. Si sólo tienes una fuente de ingresos, es peligroso.

Elh.– San Sebastián es, para muchos, un buen lugar para congresos. ¿Qué te parece?

A.H.– Esta pregunta me está haciendo cada vez más conocida. Por supuesto. Es un lugar ideal para congresos. La gente tiene todo lo que necesita. Hermosa ubicación, es una bonita ciudad. No es una ciudad como Los Ángeles. Está bien comunicada y es de fácil acceso. Le falta una universidad fuerte, pero está en camino. Cumple al menos los mínimos.

Fdo.– Fin. ¿Qué sentiste al recibir el Premio Nobel en 1974 con Martin Ryle?

A.H.– No lo esperaba. Me alegró mucho. No sabía que estaba presentado para ello. Eso se hace en secreto. A veces hay roces previos, pero yo no oí nada.

Estaba en Londres en una reunión. Un bedel vino a mí y me dio un trozo de papel escrito con lápiz y mala letra. El Premio Nobel de Física de 1974 decía que eran Hewish y Ryle. Mira. Nosotros estábamos discutiendo el gasto de diez mil libras en una herramienta electrónica... Miré el trozo de papel y no pude concentrarme... Los teléfonos estaban tocando fuera y lo bueno fue que yo no estuviera disponible para ellos.

Elh.– Muchas gracias al señor Hewish por esta interesante entrevista.